Napoleón Arráiz Rodríguez y su “Moral y cívica”
Barquisimeto, como capital del Estado Lara, no ha dejado de honrar a las personas que en su paso por la vida han sembrado valores que no dejan de cosecharse. En esa despersonalizada disposición, se conmemoró el centenario de nacimiento del tocuyano Napoleón Arráiz Rodríguez (1926-2026), educador de vocación y formación, para crear conciencia ciudadana a los fines de la convivencia en sociedad y no por casualidad; sirvió de escenario la legendaria sede de la Casa del Maestro, fundada por ese maestro de educadores de masas en Venezuela, doctor Luis Beltrán Pietro Figueroa, donde las instituciones DECODE, Colegio Nacional de Periodistas y Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza reconocerían en Napoleón Arraiz Rodríguez al hombre y su obra, en dos palabras, la “Moral y Cívica”, todo un manual didáctico para los estudiantes venezolanos de las últimas décadas del siglo XX.
Si bien la moral y la cívica son de interés milenario a propósito de la fundación de la República, ello fue una constante. Andrés Bello y Simón Rodríguez tendrían como discípulo a Simón Bolívar, que una vez alcanzaba la independencia de Venezuela expondría su proyecto de Constitución política (1819), desarrollándose su tesis “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”. Con dos cámaras, una de educación “para organizar y dirigir las escuelas primarias, construirlas, determinar el número de colegios, dictar reglamentos, publicar las relaciones exactas y circunstanciales sobre nacimientos, muertes de niños, su constitución física, salud y enfermedades, inclinaciones, cualidades, talentos”. La otra, Cámara moral en referencia a la educación familiar, tradiciones, costumbres, religión.
Bajo la presidencia del general Antonio Guzmán Blanco, se decretaría la gratuidad de la enseñanza y, con la creación del Pedagógico de Caracas para la formación de docentes, esa educación se masificaría a partir de 1945. Uno de sus egresados sería Napoleón Arráiz Rodríguez, para impartir la asignatura “Moral y Cívica” con el propósito del desarrollo de la personalidad de los jóvenes, la reafirmación de conceptos, como la igualdad, la formación de una conciencia ciudadana, que conlleve al respeto y conocimiento de las leyes, la solidaridad humana, como fortaleza para formar al ciudadano de la mano de educadores, a quienes Bolívar “ama con la misma pasión que a sus soldados… porque el objeto más noble que pueda ocupar el hombre es penar en sus semejantes… Esa es la tarea por antonomasia, la que verdaderamente construye, de la nada levanta y edifica a base de palabras y ejemplos”.
A partir de entonces, la historia es larga hasta incluirse en el pensum de estudio de bachillerato la enseñanza de Moral y Cívica, que impartiría Arráiz Rodríguez, compilando en un texto suyo, entre otros temas: La familia, el matrimonio, la filiación, el deporte, la cultura y, finalmente, la comunidad nacional, la patria, la nación, la República, con sus clásicos elementos constitutivos: Territorio, soberanía, población Como es de entenderse, el objetivo de la asignatura no es otro que hacerse sentir ciudadano. Calificativo este de origen bíblico, de acuerdo al libro de los Hechos: Cuando ataron con correa a Pablo, díjole este al centurión: ¿O es digno atar a un ciudadano romano sin haber sido condenado?” Cuando el centurión vio y oyó, avisó al tribuno diciendo: ¿Qué vas a hacer? «Porque este hombre es ciudadano romano». Vino el tribuno y le dijo: Dime, ¿eres tú ciudadano romano? Él dijo sí. Respondió el tribuno: Yo con una gran suma adquirí esta ciudadanía. Entonces Pablo le dijo: Pero yo lo soy de nacimiento”…
Tan ponderado calificativo fue tomado a la letra por Bolívar, cuando afirmara en el Congreso de Angostura…
“Prefiero el título de ciudadano que el de libertador que me dio la municipalidad de Cundinamarca y Caracas, porque este proviene de la guerra y aquel de las leyes”.
A partir de entonces, no se reconoce otro título, sino el de “ciudadano”, y formarlo, una razón de Estado, dictando “Moral y Cívica”, a lo que se dedicaría Napoleón Arráiz Rodríguez, que con los años desaparecería como materia, de manera inaceptable, estando en vigencia precisamente la Constitución “Bolivariana” venezolana de 1999, agregándose a la clásica división de poderes un “Poder Moral” en la práctica inexistente, que nos permite parafrasear un verso del poeta Andrés Eloy Blanco al Nazareno de San Pablo: ¿qué mano irresponsable amputaría tan noble cátedra para formar ciudadanos? Por cierto, único título reconocido a los fines del desarrollo y ejercicio de sus derechos y deberes en el marco del Estado de Derecho social y de justicia, según la misma Constitución citada.
A 100 años de Napoleón Arráiz Rodríguez, el planteamiento, frente a la grave crisis republicana, después de la Conquista, Colonia e Independencia, es la actual; rescatemos para salir de ello la “Moral y cívica” como la predicara y enseñara el profesor Napoleón Arráiz Rodríguez.
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