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Crónicas de Facundo: ¿Cómo y porqué se acabó en Venezuela la república?

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12.04.2026

Habrán transcurrido 30 años hasta 2029, apenas faltará un lustro y todavía resta sin una respuesta seria, objetiva, serena, desprejuiciada, ajena a la generosidad de los odios de trincheras prorrogados y que ardieran desde el término de la república civil de partidos, que explique de manera satisfactoria el cómo una de las más afirmadas democracias del hemisferio – la venezolana – pudo derivar no en una dictadura o dictablanda sino en la destrucción cabal de la república y la pulverización de su inacabada nación.

La historia recorrida y su crónica, que es lo único que tenemos a mano los venezolanos, no servirá como pretendida ejemplaridad hacia el porvenir, menos la opinión panfletaria, obra de los enconos; pues esa sólo satisface animosidades de coyuntura entre quienes habiendo elegido democráticamente el camino del desierto en 1998, incluso corrigiendo sus yerros y habiéndose transformado en víctimas, apuestan a una tierra prometida que aún no llega y les devuelva hasta 1989. 

Todos, tirios y troyanos sostenemos, sí, la fe y voluntad de los carboneros en pie. Pero no pocos ceden a la fácil tentación de buscar, primero, a los culpables, a los de ayer y a los de hoy, para luego decidir sobre la nación parcelada que marcaría el próximo derrotero del país y el diseño de la república que sería la sucesora. 

Las simplificaciones, cabe reiterarlo, son fútiles e inútiles; como aquella que le endilgaran los partidos del siglo XX – incluido su propio partido oficial que lo defenestra – al presidente Carlos Andrés Pérez una vez como se casa, sin miramientos, con el Consenso de Washington. Quiso provocar un parto económico y social mediante un “fórceps”, tras haber raspado la olla su predecesor, Jaime Lusinchi. Resolver sobre la cuestión democrática y la de la libertad quedaron en segundo plano.

Tampoco ayuda la otra verdad palmaria y aquí sí agonal, que fuese su misma revelación auténtica, constante en sus “memorias proscritas”: “Cuando se iniciaron las investigaciones sobre los implicados en el golpe [del 4 de febrero de 1992], cada uno de los jefes de las distintas fuerzas tenía un criterio distinto sobre las sanciones”, afirma Pérez. Mostraba, así, el rompecabezas en que se había transformado una institución que se creyó la dueña de la república tras la guerra por la Independencia, y después de superada la Guerra Federal hasta 1959. 

La pregunta que sí resultaba pertinente, y nadie se la hace, ni siquiera ahora, es qué y cómo se hace, transcurridas casi dos centurias desde cuando se instala la Fuerza Armada como piedra basal de la república – más allá de la literatura constitucional, civil y democrática – al revelársenos fracturada, subalterna, incapaz de tumbar o de reponer a un gobierno. Y este es el dato cierto y crucial. El que cabe evaluar con seriedad; que ya muestra sus síntomas desde 1983, que golpea al rostro del país en 1992, que se revela como caja de gatos en 2002, y que el 3 de enero de 2026 confirma a todas luces la inanidad de lo militar para la defensa y seguridad de Venezuela.    

CAP lo........

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