Por la puerta del sol -255-: Dentro de mis hojas sueltas
Las dimensiones cósmicas
«Lo que sabemos es apenas una gota de agua; lo que ignoramos es el océano»
Las dimensiones del cosmos son tan vastas que no es posible medirlas en kilómetros.
Las distancias se miden con la velocidad de la luz. En un segundo, un rayo de luz recorre 300.000 kilómetros, es decir, da diez veces la vuelta a la Tierra. Se puede pensar que el Sol está a 8 minutos luz de distancia de la Tierra. La luz no mide tiempo, sino distancias enormes en años luz.
¿Sabía usted que a Eratóstenes de Cirene (276 – 194 a.C.) le llamaban Beta? ¿Sabía que fue el primero en medir la circunferencia de la Tierra? Fue Alfa en casi todo. Fue astrónomo, historiador, geógrafo, filósofo, poeta, crítico teatral y matemático, director de la Biblioteca de Alejandría. Eratóstenes multiplicó 800 por 50 kilómetros, cuyo resultado dio 40.000, que es la circunferencia de la Tierra. Lo más admirable en él es que sus únicas herramientas para llegar a tal resultado fueron palos, ojos, pies y cerebro. ¿Qué tal?
«No es sabio quien sabe dónde está el tesoro, es sabio el que trabaja y saca el tesoro»
Asombrosamente, siendo Holanda un país tan pequeño, es el que cuenta con la mayor cantidad de premios Nobel obtenidos: El primer premio de Química de los Países Bajos le fue otorgado en 1901 a Jacobus Henricus Van ‘t Hoff. El primer Nobel de Economía le fue otorgado en 1969 al holandés Jan Tinbergen. En 1924 ganó el Nobel de Medicina Willem Einthoven. En el año 2000 ganó el Nobel de Física André Geim, y nuevamente este físico fue galardonado en 2010 con el premio Nobel de Física.
Pensar es nuestra íntima propiedad privada
Desde que el hombre empieza a tener uso de razón, comienza a pensar: va a la escuela, a la universidad, aprende la cultura propia y las otras culturas, intercambia ideas, opina, escucha, siente, lee, analiza, sufre, ama, etc. Después de todo lo aprendido y captado, somos dueños del pensamiento y de nuestros propios conceptos. Somos los únicos dueños de ese pensamiento que maduró con el tiempo y el estudio de la vida. Jamás debemos ser muñecos ni juguetes de nadie que nos incite y quiera cambiar nuestra esencia interna. No somos máquinas a las que se les pueden introducir datos equivocados a nuestra convicción.
El pensamiento individual piensa por sí mismo, es aclarar aquella certidumbre libre que vive dentro de nosotros sin dogmas implantados. El pensamiento del hombre, aunque no es autor de la verdad, sí es en cambio testigo de esta. Las ideas se hacen, se despiertan y aclaran mediante el ejercicio constante de nuestro pensamiento reflexivo.
El albedrío del ser humano es ser libre. Él decide no hacer eso que tiene que hacer o hacer lo que no tiene que hacer. Siempre estará seguro y dispuesto bajo su responsabilidad de resolver cosas, incluso de engañarse, porque solo él tiene la libertad de elegir su vida. De allí la eterna lucha que libra el hombre por su libertad, impidiendo cualquier invasión a la propiedad de su pensamiento.
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