La esperanza se construye
Cuando reviso mi vida, celebro que siempre me he podido restaurar y levantar. Los golpes que he recibido no me han dejado en el piso. Y creo que eso es lo que celebro en este Domingo de Resurrección: que la muerte no tiene la última palabra, que siempre se abre una grieta de luz que ilumina la situación. No como negación del dolor, sino como su transformación. La vida no se queda en la cruz. Algo siempre puede renacer, incluso después de lo más oscuro. No necesariamente como estaba antes —eso sería como negar que la vida es dinámica—, pero sí con una profundidad nueva.
El Domingo de Resurrección es la posibilidad de creer y de vivir que la muerte no es la última palabra en la vida, que siempre hay........
