Donde hablaban los años
Escuchar a los mayores siempre fue una de mis costumbres. Sentarme cerca para oír sus relatos, sus aventuras, sus victorias y también sus moralejas hacía que mi corazón corriera más rápido, que algunas lágrimas brotaran de mis ojos o que mis manos sudaran. A veces les escuché palabras mojadas por lágrimas verdaderas.
Los escuché en las esquinas de mi barrio, donde, en taburetes, compartían una cerveza al ritmo de historias, o en las mesas de dominó, en las que las palabras se apoyaban en los golpes secos de las fichas contra la mesa. Algunos contaban con la cadencia de la brisa que hamaqueaba nuestra atención; otros eran concretos, pero usaban imágenes realmente fantásticas.
Eran cuentos........
