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Blip: el futuro no es digital… es conversacional

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Quizás por vez primera Latinoamérica se consolida rápidamente como una referencia global en la construcción de experiencias conversacionales en la atención de los clientes de líneas aéreas comerciales, aseguradoras, empresas fintech y de servicios educativos.

Y esto no es fortuito porque detrás del desarrollo de dichas plataformas hay una empresa que supo leer anticipadamente las tendencias del mercado, pero no de cualquier mercado sino del latino que por idiosincrasia o costumbre busca una atención personalizada y no respuestas frías o limitadas sobre todo cuando se trata de servicios, y si a este principio se suman agentes inteligentes que entienden intenciones y ejecutan acciones complejas, el resultado es una plataforma global referente en Inteligencia Conversacional, diseñada para cerrar la brecha entre las marcas y sus consumidores a través de los canales que ya conocen y utilizan como WhatsApp, Messenger e Instagram.

Y así, Blip donde Thiago Gonçalves es Country Manager en México y también en Latam, se convirtió en una referencia y pionera en esta solución. Nació en 1999 en Brasil que evolucionó de la venta de celulares a ringtones y luego a soluciones de conversational commerce; fue la primera implementar la Interfaz de Programación de Aplicaciones (API) de WhatsApp Business en 2018, y se posicionó como uno de los principales jugadores de experiencias conversacionales lo que llamó la atención de fondos internacionales como Softbank y empresas como Microsoft.

Después de Brasil, México es el segundo mercado más importante para Blip donde tiene una creciente base de clientes con los que se posiciona como un socio estratégico de largo plazo para respaldar la evolución de sus activos digitales, y el desarrollo de soluciones personalizadas y escalables.

CON EL CARIÑO DE SIEMPRE

Está cumpliendo sus primeros tres meses de apertura del Museo Interactivo Bimbo (MiBIMBO) con resultados que superaron ampliamente las expectativas porque no es una muestra de la historia de una empresa sino más bien un retrato fiel de 80 años de la historia de México. Y es que el espacio inmersivo y educativo celebra la historia, el propósito y la evolución de Grupo Bimbo, desde sus orígenes en 1945 hasta su impacto global actual. A través de experiencias interactivas, sensoriales y tecnológicas, el museo busca inspirar a nuevas generaciones y conectar con las familias mexicanas, turistas y públicos clave.

La museografía de MiBIMBO estuvo a cargo de la firma Sietecolores, quienes con una experiencia de más de 30 años de trabajo continuo; han desarrollado exitosamente más de 26 proyectos a nivel nacional e internacional entre los que destaca la operación de Papalote Museo del Niño durante 18 años. La obra arquitectónica estuvo a cargo del estudio de arquitectos, Arditti + RDT Arquitectos.

MiBIMBO tiene una superficie total de 3 mil m², el área de exhibición cuenta con más de mil 600 m², 11 zonas temáticas con 80 exhibiciones interactivas, inmersivas y mecánicas para todas las edades, y una capacidad de hasta 500 personas simultáneamente.

Listo el Estadio Banorte que en el medio tiempo del partido inaugural entre México y Portugal mostró solo una parte de la renovación y tecnología del que en unos días más se convertirá en un recinto histórico por ser sede de tres copas mundiales de futbol. Y es que el espectáculo en el receso del encuentro, patrocinado por Grupo Financiero Banorte, hizo gala de miles de luces LED de última generación alrededor de la cancha, pantallas gigantes, y pulseras LED para los más de 85 mil asistentes con las que se formaron banderas tricolores dinámicas. El momento donde se conjugó la tecnología con la emoción fue cuando se entonó la popular canción “Cielito Lindo” que encendió el ambiente en las tribunas y la cancha de un recinto que demostró ser capaz de albergar eventos de gran magnitud y espectacularidad.

Por años, el sector de telecomunicaciones en México ha sido presentado como un caso de éxito de reforma estructural. Sin embargo, el más reciente informe del gobierno de Estados Unidos -el National Trade Estimate 2026- vuelve a poner en duda esa narrativa, y lo hace en un momento particularmente delicado, en vísperas de la revisión del T-MEC. El mensaje del vecino del norte es claro: las condiciones de competencia en el mercado mexicano siguen siendo insuficientes.

Lejos de reconocer avances significativos, el reporte insiste en problemas estructurales que no solo persisten, sino que en algunos casos parecen haberse profundizado. El primero es bien conocido, pero no por ello menos relevante: la dominancia de un agente económico preponderante que continúa marcando el ritmo del sector. A más de una década de la reforma de 2013, la promesa de un “piso parejo” sigue sin materializarse plenamente.

Pero quizás el señalamiento más delicado no está en el mercado, sino en el diseño institucional.

La desaparición del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) y su reemplazo por un regulador dentro de la estructura del Ejecutivo ha encendido alertas fuera de México. Para Estados Unidos, la independencia regulatoria no es un detalle técnico, sino una condición indispensable para garantizar competencia efectiva. La preocupación no es menor: un regulador sin autonomía puede inclinar la balanza, intencional o estructuralmente, hacia ciertos actores, particularmente en un entorno donde el Estado también participa como jugador.

A esto se suma un elemento que, aunque menos visible en el debate público, tiene efectos profundos: el alto costo del espectro radioeléctrico. México se mantiene entre los países con los precios más elevados de la región, una política que, en la práctica, desincentiva la inversión, limita la entrada de nuevos competidores y, paradójicamente, puede terminar reforzando la posición de quienes ya tienen escala suficiente para absorber esos costos.

El propio informe advierte que esta combinación de factores como la dominancia de mercado, dudas regulatorias y costos elevados no solo afecta la dinámica interna del sector, sino que también tiene implicaciones en la relación comercial bilateral.

Y es que México no es cualquier socio: es el principal destino de exportaciones de Estados Unidos y uno de los pilares de su integración económica. Por eso, cuando el NTE enumera barreras, no lo hace únicamente como un ejercicio técnico, sino como una señal política. Es, en esencia, un documento que anticipa los temas que Washington buscará poner sobre la mesa en la revisión del T-MEC. Telecomunicaciones, claramente, es uno de ellos.

Ignorar estas señales sería un error. No se trata solo de atender preocupaciones externas, sino de reconocer que un mercado menos competitivo, con menor certidumbre regulatoria y altos costos de entrada, termina afectando a los propios consumidores y al desarrollo digital del país.


© El Heraldo de México