Una historia cultural de la crueldad
Wolfgang Müller-Funk, en Cruelty: A Cultural History, no ofrece un recorrido panorámico por la violencia. La crueldad aparece aquí como un logro cultural, como algo que las sociedades aprenden a escenificar, justificar, transmitir y naturalizar. Müller-Funk no se interesa por la crueldad como un derrumbe episódico de la civilidad.
Cada capítulo está anclado en un escritor o pensador que cristaliza una configuración particular de la crueldad: Musil, Jünger, Séneca, Canetti, Nietzsche, de Sade, Kadare, Koestler, Vargas Llosa, Améry, Freud La historia que propone Müller-Funk no es, por tanto, una cronología de hechos, sino una historia de discursos, de modos en que la crueldad se vuelve inteligible y culturalmente repetible.
Robert Musil es leído en “La economía de la crueldad” donde se detiene en Las tribulaciones del estudiante Törless, y la elección es exacta. La crueldad se escenifica en el mundo cerrado del internado, donde la humillación se convierte en experimento y la dominación en pedagogía. El tormento de Basini no se entiende solo como exceso adolescente. Se vuelve un aprendizaje de la racionalización. La crueldad adquiere legitimidad a través del lenguaje de la curiosidad, la disciplina y la prueba moral. Musil muestra cómo la violencia puede ensayarse en miniatura mucho antes de aparecer en los grandes teatros de la política.
Del encierro institucional de Musil, Müller-Funk pasa a Ernst Jünger y al problema moderno de la distancia. El título del capítulo, “Gente como escarabajos: frialdad y distancia”, define el lugar de Jünger en esta genealogía. La crueldad emerge a través de una transformación de la mirada. La tecnología, la guerra y la mediación alteran la percepción hasta que los seres humanos pueden ser vistos como objetos, especímenes, abstracciones. La temperatura afectiva desciende. La crueldad se vuelve compatible con el desapego. Jünger ofrece a Müller-Funk una intuición decisiva sobre la violencia moderna: la destrucción puede avanzar desde la neutralidad, desde una mirada estética o técnica.
La cuestión de la soberanía es tratada con Elias Canetti. “Sobre la crueldad del gobernante” se apoya en la obsesión canettiana por la supervivencia y la asimetría. El poder, en esta tradición, se confirma mediante el espectáculo de la invulnerabilidad. La crueldad no es un efecto secundario del gobierno. Es una de sus demostraciones, la prueba de que una vida puede ser tomada sin consecuencias. Müller-Funk utiliza a Canetti para iluminar la crueldad como gramática política, como lenguaje mediante el cual la dominación se hace visible.
Nietzsche es leído como filósofo de la necesidad y del riesgo. Müller-Funk lo lee como uno de los pensadores que tienta a la cultura a sublimar la crueldad, a imaginar que podría pertenecer a la fuerza, a la lucidez, a la superación. Lo que importa no es la moral personal de Nietzsche, sino el peligro cultural que su retórica habilita.
El capítulo dedicado a de Sade extiende esta investigación hacia lo erótico. Müller-Funk lo enmarca junto a Horkheimer, Adorno y Barthes. La crueldad se vuelve mecanismo, cálculo, un sistema de placer y dolor despojado de disfraz moral. La Ilustración, desde esta perspectiva, lleva una sombra. La racionalidad puede organizar la dominación con una precisión escalofriante.
Una de las expansiones más importantes del libro llega con la violencia colonial. “Crímenes coloniales (Mario Vargas Llosa)” desplaza la geografía y la escala política. Los mundos narrativos de Vargas Llosa muestran la crueldad como infraestructura, distribuida a través de la ley, la raza, el trabajo y el espectáculo. Las dictaduras y el poder colonial no solo coaccionan. Narran la coacción. Escenifican la crueldad como legitimidad. La inclusión de Vargas Llosa insiste en que la historia cultural de la crueldad no puede quedar confinada a las catástrofes internas de Europa.
El límite ético aparece con Jean Améry. “Ante la tortura nazi” enfrenta la crueldad sin metáfora. La tortura es aquí destrucción de la confianza, colapso del mundo del sentido. La secuencia de Müller-Funk es deliberada. Después de las economías de la crueldad, sus gobernantes, sus sacrificios y sus sistemas coloniales, la tortura surge como extremidad moderna, crueldad organizada como técnica. El libro se cierra “Después de Freud”, donde la crueldad se entiende en relación con la persistencia psíquica, la agresión, la represión, el vínculo inquietante entre civilización y violencia. La crueldad no puede expulsarse hacia un afuera. Habita las tensiones interiores de la cultura.
El libro deja al lector con una claridad más oscura sobre los disfraces de la crueldad, sus retóricas, sus distancias, sus continuidades ordinarias. La crueldad persiste porque la cultura encuentra, una y otra vez, modos de hacerla significativa.
POR PEDRO ÁNGEL PALOU
