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Contrapesos

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08.03.2026

El debate sobre el futuro de la agencia de inmigración en Estados Unidos ha entrado en una nueva etapa. Durante años, la idea de abolir el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas fue considerada una postura marginal, asociada principalmente a activistas o a sectores muy específicos del espectro político.

Sin embargo, los datos más recientes muestran un cambio significativo: por primera vez, más estadounidenses dicen apoyar la eliminación de la agencia que quienes se oponen a ella. Ese giro refleja no solo una tendencia en la opinión pública, sino también una transformación en la conversación política del país.

Una encuesta reciente muestra que alrededor del 46 % de los estadounidenses apoya abolir la agencia, frente a un 43 % que se opone. El dato es especialmente relevante porque hace apenas un año el respaldo rondaba el 27 %, lo que revela un crecimiento acelerado en muy poco tiempo.

Este cambio no surge de manera espontánea; responde a un clima político marcado por controversias recientes, operativos migratorios que han generado polémica y un aumento en el escrutinio público sobre las prácticas de las autoridades migratorias.

Uno de los factores que ha intensificado el debate es la percepción creciente de que algunas de las tácticas utilizadas en la aplicación de las leyes migratorias son excesivas. Para muchos ciudadanos, ciertos operativos han proyectado una imagen de dureza que rebasa lo que consideran necesario para hacer cumplir la ley. Esa percepción ha alimentado un cuestionamiento más amplio sobre cuál debería ser el papel del gobierno federal en el control migratorio y cuáles son los límites aceptables del uso del poder estatal.

Este cambio también marca una diferencia importante respecto al pasado reciente. Durante la presidencia de Donald Trump, el lema de abolir la agencia se convirtió en un símbolo de protesta, pero no logró penetrar de manera significativa en la opinión pública general. Hoy la situación parece distinta.

La discusión ya no se limita a círculos activistas o académicos, sino que se ha instalado en el centro del debate político nacional. Lo que antes era considerado un planteamiento radical ahora es visto por muchos como una propuesta que merece al menos ser discutida.

Las manifestaciones sociales han jugado un papel clave en esta transformación. Protestas contra operativos migratorios, redes comunitarias de defensa de migrantes y campañas de denuncia han contribuido a visibilizar prácticas que antes quedaban fuera del foco mediático. Estas movilizaciones han demostrado que la presión social puede influir en el clima político y empujar temas que parecían marginales hacia el centro del debate público.

Al mismo tiempo, el crecimiento de este movimiento ha generado una fuerte reacción de sectores que defienden la existencia de la agencia. Para ellos, eliminarla representaría debilitar la capacidad del país para hacer cumplir sus leyes migratorias y mantener el control de sus fronteras. Desde esa perspectiva, las propuestas de desmantelar o reducir sus funciones se interpretan como un riesgo para la seguridad nacional y el orden institucional.

Esa tensión refleja una polarización cada vez más evidente en la sociedad estadounidense. El tema migratorio se ha convertido en uno de los campos de batalla políticos más intensos, donde se enfrentan visiones muy distintas sobre identidad nacional, derechos humanos y el papel del Estado. Cada nuevo operativo, cada protesta y cada encuesta alimentan una conversación que parece lejos de resolverse.

Lo que vuelve especialmente relevante este momento es que una idea que durante años fue considerada impensable ahora cuenta con el respaldo de una porción significativa de la población. Cuando propuestas que antes parecían marginales comienzan a ganar terreno en la opinión pública, significa que el país está revisando sus propias estructuras y prioridades. El debate sobre el futuro de la política migratoria estadounidense, y sobre las instituciones encargadas de aplicarla, apenas está comenzando.

AETCHEVERRYARANDA@GMAIL.COM   


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