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La imagen presidencial

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05.03.2026

Como se le vea y pase lo que pase, la Presidenta Sheinbaum es una perdedora del proceso que intentó aprobar la reforma electoral. La cadena de errores en el diseño, los incumplimientos de la Comisión Presidencial, encabezada por Pablo Gómez, la presentación de un conjunto de láminas de Power Point que no permitieron conocer el fondo de la reforma, además del fracaso de los múltiples intentos por convencer al PT y al PVEM de los contenidos del proyecto, hicieron que la Presidenta Sheinbaum no pudiera presentar en tiempo la iniciativa de cambios a la Constitución. Peor aún, cuando los tiempos se agotaron, la Presidenta se vio obligada a retrasar en tres ocasiones, el envío de la iniciativa a la Cámara de Diputados, con la esperanza de obtener los votos suficientes.

Quizá desde ayer haya salido humo blanco y esta mañana podamos conocer el texto con “la letra chiquita” que nos permita iniciar un análisis de las virtudes, debilidades y retrocesos que podría traer la intención presidencial. Con todo, la Presidenta llegó tarde, sin consenso alguno de las fuerzas políticas y con divisiones evidentes en el mismo equipo presidencial, no se diga con sus aliados. La presidenta insiste en que ella cumplió con solicitar las reformas que pide el pueblo, y que el pueblo sabrá quienes son los que se oponen. Sin embargo, se olvida que quienes se oponen también son parte del pueblo y también fueron electos en la misma elección en que Claudia Sheinbaum obtuvo la Presidencia de México.

Esta semana he participado en múltiples foros sobre las posibles implicaciones de la reforma que no conocíamos. En muchos casos se realizaron especulaciones sobre lo que podría traer y no queríamos que trajera la esperada reforma. Una conclusión común fue que, desde las mañaneras, se expuso a la Presidenta a defender un proyecto que, hasta hoy, no logró el apoyo político que requería.

Entre la falta de oficio de los colaboradores de la Presidenta, la falta de claridad de los contenidos y declaraciones encontradas de los funcionarios involucrados, se impuso la percepción de debilidad de la imagen presidencial. Resulta muy paradójico que esto ocurra justamente la misma quincena en que Claudia Sheinbaum logró un gran reconocimiento, incluso a nivel internacional, por la captura del delincuente apodado “El Mencho”.

En política, negociar no es una opción, es parte del trabajo cotidiano para gobernar. En la negociación de la reforma, la Presidenta no ganó y con ello perdió la oportunidad de fortalecer su liderazgo, apoyar cambios verdaderamente democráticos y mostrar que se puede dialogar con la oposición para construir acuerdos, que no siempre serán de su agrado, pero que habría borrado la percepción de autoritarismo que heredó la reforma propuesta originalmente por López Obrador. Lo que queda ahora son muchas dudas, mientras la imagen presidencial, para este tema, se debilitó.

POR ARTURO SÁNCHEZ GUTIÉRREZ

Profesor Investigador, Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno Tecnológico de Monterrey


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