Marx: de la gloria al desalojo
En el gobierno mexicano hay una confusión que se volvió norma: creer que el cargo es propiedad y la lealtad, inmunidad. Marx Arriaga encarna esa distorsión.
Su cercanía con Beatriz Gutiérrez Müller le abrió la puerta del sexenio de Andrés Manuel López Obrador y lo catapultó de académico universitario a figura central —y polémica— de la educación en México.
Pero en el arranque de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum pasó de “cuadro” a problema: lo despidieron, se atrincheró en su oficina, donde permanecía hasta el momento de escribir esta columna.
No fue un caso aislado. Ya ocurrió con Nuria Fernández en el DIF. No se aferran por resultados; se aferran porque se sienten intocables.
Es la herencia más tóxica del obradorismo duro: la idea de que el mérito se mide en lealtad, no en eficacia. Arriaga fue el ejemplo perfecto de esa fórmula: 90% lealtad y 10% eficiencia.
Desde su........
