Desde la Patagonia
Estoy en la Patagonia chilena, una zona donde la tierra todavía se comporta como si nadie la hubiera descubierto, y algunos de los habitantes me preguntan si pensé que México iba a clasificar a cuartos de final. Les contesto que, a diferencia de otros mundiales y de la gran corrupción de la FIFA, esta vez decidí ilusionarme con el futbol y gritar gol en lugar de amargarme y maldecir al maldito quinto partido. Me preguntan si con más de un millón de personas en los festejos no hubo muertos. Les respondo que, desafortunadamente, murieron cinco personas. Les cuento, además, del Mundial de 1994, cuando los festejos también se descontrolaron en Ciudad de México: en medio de la celebración por el empate del seleccionado mexicano frente a Italia, recuerdo que iba caminando por la calle de Florencia cuando vi cómo un grupo de hombres aventó varios petardos. Todos nos asustamos y nos guarecimos. De pronto alguien empezó a gritar: uno de los explosivos le había estallado al comerciante Jaime Lucas Estévez.
Treinta años después, les digo, seguimos sin aprender nada.........
