Amor envuelto en celofán
Cada febrero, el chocolate se convierte en protagonista absoluto del amor. Las vitrinas se llenan de corazones de cacao, las campañas publicitarias lo presentan como mensajero de pasiones profundas y pareciera que la historia misma hubiese decretado que amar es regalar bombones. Sin embargo, la relación entre el chocolate y el amor es, en buena medida, una narración reciente, cuidadosamente construida y no del todo fiel a su pasado.
El cacao nació muy lejos de las cajas satinadas. En Mesoamérica, mayas y mexicas lo consumían como bebida ritual mucho antes de que Europa lo conociera. Era espeso, amargo, espumoso; se mezclaba con agua, maíz, chile o vainilla. No era un dulce, sino una bebida vigorosa asociada al poder, al intercambio y a lo sagrado. Los granos de cacao incluso funcionaron como moneda. Beber chocolate no era un gesto romántico, sino un acto social y ceremonial. En códices y crónicas coloniales aparece ligado a bodas y alianzas, sí, pero como símbolo de estatus y reciprocidad, no como un obsequio íntimo envuelto en papel brillante.
Cuando el cacao llegó a........
