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Amor envuelto en celofán

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13.02.2026

Cada febrero, el chocolate se convierte en protagonista absoluto del amor. Las vitrinas se llenan de corazones de cacao, las campañas publicitarias lo presentan como mensajero de pasiones profundas y pareciera que la historia misma hubiese decretado que amar es regalar bombones. Sin embargo, la relación entre el chocolate y el amor es, en buena medida, una narración reciente, cuidadosamente construida y no del todo fiel a su pasado.

El cacao nació muy lejos de las cajas satinadas. En Mesoamérica, mayas y mexicas lo consumían como bebida ritual mucho antes de que Europa lo conociera. Era espeso, amargo, espumoso; se mezclaba con agua, maíz, chile o vainilla. No era un dulce, sino una bebida vigorosa asociada al poder, al intercambio y a lo sagrado. Los granos de cacao incluso funcionaron como moneda. Beber chocolate no era un gesto romántico, sino un acto social y ceremonial. En códices y crónicas coloniales aparece ligado a bodas y alianzas, sí, pero como símbolo de estatus y reciprocidad, no como un obsequio íntimo envuelto en papel brillante.

Cuando el cacao llegó a........

© El Financiero