La cuesta de agosto
Tras la foto dominical donde dirigentes y coordinadores parlamentarios de la coalición gobernante aparecen sonrientes y tomados de las manos al amparo de la leyenda “Respaldo Total al Plan B”, se advierte una fractura expuesta y una oportunidad perdida en un pésimo momento.
En el reverso de esa imagen se vislumbra un batidillo político. El gobierno y Morena hirieron a sus socios traidores y aliados de los partidos Verde y del Trabajo; precipitaron el juego electoral a más de un año de distancia; y dejaron ir, por quinta ocasión, la posibilidad de realizar en serio la reforma del modelo electoral y el sistema partidista a fin de darle auténtica perspectiva a la democracia. Poco importa si se aprueba o rechaza íntegra o parcialmente el nuevo plan —en realidad E, no B—; el daño está hecho: por soberbia, complicaron un problema, en vez de resolverlo.
Por si lo anterior no bastara, esa acción se ejecutó en un mal momento: cuando la cuesta de agosto —mucho más pronunciada que la de enero— amaga, presentando peligrosos filos económicos, comerciales, diplomáticos, políticos y, quizá, militares. Al finalizar el mundial de futbol, la adversa circunstancia dejará sentir su peso y reclamará construir acuerdos nacionales, no electorales, para tratar de salvar en lo posible la coyuntura.
La oferta de encabezar un gobierno de continuidad con cambio adquiere los ribetes del continuismo con titubeo, sin........
