Administrando el poder
Hoy está claro. La política de avasallamiento del presidente Donald Trump no se explica ni se contiene, arguyendo que es sólo una forma de hablar. Es una forma de hablar y actuar, según la fortaleza o la debilidad del gobierno, presa de ella.
La contundente intervención militar estadunidense en Venezuela y la titubeante ofensiva trumpista contra Dinamarca y Europa en pos de un mayor control sobre Groenlandia marcan los polos de su pragmatismo y patentizan la administración proporcional del poder: donde puede, va por más; donde no, presiona al límite para algo lograr, sin importarle el ridículo. Avanza y recula, hace y dice según la talla del adversario en turno: gestiona desvergonzadamente el poder. Trump juega con fuego, pero no come lumbre, enciende y apaga incendios.
Ambos casos dejan enseñanzas. Lo importante para el efecto nacional es qué lecciones desprende de lo acontecido el gobierno encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum. Importa la reflexión oficial porque, aun reconociendo cómo ha sorteado hasta ahora la circunstancia, los telefonazos postergan, pero no disuelven los amagos y la exportación de reos no sacia la gana de actuar directa y unilateralmente.
El punto delicado de la situación es que, resuelto de un modo u otro el asunto Venezuela y Groenlandia, Donald Trump girará su foco de atención. En tal circunstancia, no es aventurado señalar que en la agenda −por no decir, en la mira− del........
