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Los abusos y el desgaste

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Las imágenes son poderosas. Andrea Chávez en el salón de belleza del Senado, arreglándose el peinado. El contexto aplasta: soberbia, arrogancia y privilegios. Lo que antes condenaban, ahora se lo apropiaron. La crítica los devora sin que puedan sacudirse el desprecio y descrédito que los baña, un búmeran de la estigmatización que impulsaron por años, que se ha estrellado en sus caras.

Chávez no es la única senadora que usa el salón en el Senado, donde este tipo de facilidades, que pueden verse en función de sus labores, más que privilegios, quedó como símbolo de un abuso a costa de los contribuyentes, arrastrada por un grupo con desprestigio que gana densidad cada día y por su protagonismo arrogante.

Fueron epílogo de una semana de figuras del régimen metidas en un chapoteadero.

La jefa de Gobierno, Clara Brugada, desesperada porque la alteración de sus cifras sobre inseguridad no puede modificar la percepción de su desgobierno, demandó el silencio de los medios, umbral de la censura, con argumentos mentirosos sobre lo que se hacía en el pasado, olvidando que su antecesora dijo en su momento que el éxito de su estrategia de seguridad era la buena percepción que tenían de ella los capitalinos.

Pero nada como el caso de la gobernadora de Campeche Layda Sansores, el más corrosivo de todos, no........

© El Financiero