El arte de la derrota (deportiva y política)
El domingo pasado fue muy duro para la afición mexicana. Se rompió un trance colectivo en el que estuvimos inmersos durante tres semanas. Nuestra Selección consiguió convencer a creyentes y no creyentes, movilizar afectos intensos, llenar las calles como pocas veces habíamos visto, cohesionar generaciones y clases sociales en una identidad nacional, al alcanzar el quinto partido invicta y con la portería virgen. Pero llegó la derrota y toca enfrentarla.
Deporte y política comparten naturaleza: cultivan sentimientos de pertenencia, se enfrentan unos con otros, polarizan sociedades, pero también pueden unirlas; generan esperanza y optimismo y, simultáneamente, provocan decepciones profundas, avivando la tristeza, el odio o la rabia. ¿Cómo aprender de la derrota —deportiva y política— para mejorar?
1. Aceptar la realidad de los hechos.
La derrota, como cualquier pérdida, puede sumirnos en una fase de negación paralizante. En política, esto ocurre cuando un actor se niega a aceptar los resultados electorales. Un principio básico de la democracia consiste en que quien pierde reconoce el resultado y utiliza los cauces institucionales para impugnarlo si hubo irregularidades. La historia reciente ofrece un ejemplo evidente:........
