Salvar al campo mexicano: ¿se logrará?
Con una larga trayectoria internacional, ampliamente reconocido en el mundo de la agricultura y estudios internacional sobre el campo y la alimentación, lo mejor que estaba sin compromisos electorales, ni de negocios en esa materia, pero desafortunadamente eso no sirvió para adaptarse a la realidad del campo mexicano, que atraviesa quizás sus peores años.
La salida de Julio Berdegué, como secretario de Agricultura, ya no era una sorpresa. Es cierto que es un hombre que llegó con el aura de experto internacional de la FAO, pero que terminó atrapado en la burocracia de las “metas temporales”.
A 18 meses de su gestión, el balance es, por decir lo menos, es magro. Se va en medio de una tormenta perfecta: una sequía que no dio tregua, la caída libre en la producción de granos básicos y, para rematar, la crisis sanitaria del gusano barrenador que tiene a los ganaderos con el alma en un hilo y sin ver la luz al final del camino, porque poco o nada se ha podido hacer en ese tema.
Cuentan los que saben, que, en los pasillos de Palacio Nacional, así como entre la comunidad de los empresarios agrícolas y de los pequeños productores simplemente no gustaba el estilo de Berdegué: mucho diagnóstico, poca tierra en los zapatos.
Las organizaciones campesinas pasaron de la esperanza a la protesta, reclamando que los apoyos se quedaban en “paliativos”, mientras la inseguridad rural y los costos de los insumos devoraban la rentabilidad.
Dicen que en política no hay sorpresas, sino sorprendidos, lo ocurrido este 1 de mayo en las oficinas de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), dejó a más de uno con el café a medio terminar, pues la salida de Berdegué no es solo un cambio en el gabinete de la presidenta Claudia Sheinbaum, sino que es el........
