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El abogado no está para gustar

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23.02.2026

En tiempos dominados por el ruido, la prisa y la necesidad permanente de aprobación, conviene recordarlo con claridad: el abogado no está para complacer, ni para agradar, ni para coincidir con el ánimo del público.

Está para representar, para hablar cuando otros callan, para defender cuando defender resulta incómodo y, sobre todo, para sostener el Derecho aun cuando nadie aplauda.

Vivimos una época en la que la opinión pública se confunde con la verdad y la popularidad con la razón. Se exige justicia inmediata, sin proceso; condena sin prueba; sanción sin contradicción.

En ese escenario, el abogado se convierte, muchas veces, en una figura antagónica. Es el que pide tiempo cuando todos exigen urgencia.

El que solicita pruebas cuando otros ya dictaron sentencia. El que recuerda reglas cuando el entorno quiere atajos.

Y, sin embargo, esa incomodidad es precisamente su función.

El Derecho no fue diseñado para ser popular. Fue diseñado para poner límites.

Límites al........

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