Acotando la incertidumbre
Contra lo que pudiera parecer, la decisión estadounidense del 1 de julio —de no renovar el T-MEC por 16 años y dejarlo con vigencia hasta 2036, sujeto a revisiones anuales— despejó más dudas de las que abrió.
Se acabó la especulación sobre si el tratado moriría o si habría una extensión limpia: hay tratado vigente, hay calendario y hay mesas de trabajo... y hay revisiones anuales.
La incertidumbre que ese día quedó formalizada no era nueva. Estaba abierta desde hace meses y los actores económicos la tenían asumida. La mejor prueba fue la reacción de los mercados: prácticamente nula.
El propio Marcelo Ebrard lo hizo notar: los indicadores financieros ya habían descontado el escenario de revisiones anuales antes de la reunión trilateral. Y la mayoría de los analistas venían anticipando que no habría extensión limpia: los escenarios base contemplaban revisiones anuales bajo la lógica de que el estilo transaccional de Trump no entrega certidumbre sin cobrar algo a cambio.
Con las reglas del juego definidas, las tareas de la negociación que sigue pudieron dirigirse con claridad a un solo objetivo: acotar gradualmente esa incertidumbre, a sabiendas de que no va a desaparecer.
Eliminarla no está........
