menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Las manos moradas del emperador

27 0
23.03.2026

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

No hay que extrañarse de que en los últimos 80 años, bajo la hegemonía aplastante de los Estados Unidos, América Latina no haya encontrado el camino de su prosperidad y de su grandeza.

Hace mucho tiempo nuestro mayor esfuerzo ha debido ser un ejercicio persistente por construir una economía poderosa en beneficio de los pueblos y unas instituciones respetables. Teníamos que ingresar con carácter en la modernidad; aprovechar la riqueza y la complejidad cultural del continente para plantarnos frente al mundo con orgullo y con alegría.

Lo intentamos, pero siempre retrocedíamos bajo el empuje de las olas contrarias. Lo intentó la Reforma mexicana y lo frustró el despotismo de Porfirio Díaz. Lo intentó la revolución mexicana y lo frustró la dictadura burocrática del PRI. Lo intentó en Colombia la república federal de la Constitución de Rionegro y lo frustró la Guerra de los Mil Días; lo intentó la hegemonía conservadora, que consolidó la zona cafetera, emprendió la navegación por el Magdalena, tendió la red de los ferrocarriles y fundó la segunda aerolínea comercial del mundo, pero lo frustraron el respice polum de Marco Fidel Suárez, la intransigencia de Laureano Gómez, la parálisis de la Revolución en Marcha liberal, el sometimiento a los dictados de Bretton Woods que nos redujeron a un capitalismo subalterno y a la larga mafioso, y el odio sectario del bipartidismo que sacrificó a 300 mil campesinos.

Lo intentó Fidel Castro con sus barbudos en 1959 y lo frustró Fidel Castro con su burocracia comunista. Lo intentaron Roca, Irigoyen, Eloy Alfaro, Jorge Eliécer Gaitán y los mineros bolivianos, y lo frustraron los odios de aldea, los meros........

© El Espectador