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Están tan vivos que todavía disparan contra ellos

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04.10.2026

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Como la de José Asunción Silva sobre las primeras generaciones literarias del siglo XX colombiano, como la de Porfirio Barba Jacob sobre las generaciones del medio siglo, dos sombras han pesado en Colombia sobre las últimas generaciones del siglo pasado y las primeras de este: las sombras de Gonzalo Arango y de Andrés Caicedo.

Gonzalo era un predicador, lo mismo en sus tiempos de rebeldía que en sus tiempos de claudicación y de conversión; Andrés también habría querido predicar, pero se lo impedían su timidez y su tormentoso mundo interior.

Ambos murieron hace medio siglo y sus muertes fueron tan vistosas como sus vidas. Ambos…

Ambos murieron hace medio siglo y sus muertes fueron tan vistosas como sus vidas. Ambos merecen la atención de la posteridad porque hubo mucha vida en ellos, y porque en gran medida resumen las inquietudes personales e intelectuales de su época, la turbulenta mitad del siglo XX, sobre la que pesaban por igual los fantasmas de la violencia nacional y de la Guerra Fría, las presiones y las depresiones del existencialismo, el rotundo escepticismo de los vitalistas (ambos lo fueron), ante las barbaries y las locuras de su siglo, y el rotundo nihilismo que nos dejaron las dos guerras mundiales, Hiroshima y la muerte de Dios.

Los dos se fueron demasiado pronto, Gonzalo por un violento accidente de tránsito y Andrés por una decisión suicida el día en que recibió el primer ejemplar impreso de su novela. Ambos hechos les dieron aún más........

© El Espectador