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País de caricatura

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21.02.2026

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En el debate político, cada candidato, impulsado por la antipatía que siente por su oponente, hace de él (o de ella) un espejo invertido que le impide reconocer la parte de acierto, así sea pequeña, que hay en sus ideas. Esto no solo ocurre en una campaña electoral sino con los debates en general. Los marxistas son incapaces de ver los beneficios de la libertad de empresa (salvo si son chinos); los liberales no aprecian las virtudes de lo colectivo; los clérigos no ven las buenas razones de los ateos; los veganos no reconocen los beneficios de comer carne y los nacionalistas nunca ven las ventajas de recibir inmigrantes; ninguno registra la parte de acierto, o al menos de justificación, que hay en la posición del otro.

De esa actitud surgen visiones simplistas y paralelas, que nunca se tocan y que convierten lo social y lo político en una........

© El Espectador