menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

No es carne de lobo ni de oveja, pero sí de mucho trabajo local

21 0
17.04.2026

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

La historia de La Oveja y el Lobo es el testimonio de una familia resiliente: de cómo un proyecto que nació “con las uñas”, tras un duro cierre en Medellín, terminó sentándose a la mesa con grandes marcas, como Coca-Cola. Quienes me conocen, o por lo menos me leen con frecuencia, saben que son las historias que me gusta encontrar y difundir, porque aquí la cocina nunca ha sido solo el plato, sino el camino recorrido para llegar a él.

Todo comenzó en 2021, en un garaje de Zipaquirá. No había épica, había humo. Equipos hechizos, un local lleno por la falta de una campana profesional, y apenas ocho mesas para atender a los curiosos. Sus fundadores, chefs con amplia experiencia en cocinas internacionales, venían de cerrar un restaurante de cocina de autor que los dejó, como decimos sin filtro, en los rines.

Montaron La Oveja casi por accidente, pensando en trabajar seis meses, vender el negocio e irse del país.........

© El Espectador