La mirada oblicua de Luis Tejada
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Hay escritores que enriquecen la literatura y escritores que modifican el mundo. Los primeros inventan personajes inolvidables, complican un género o descubren una música nueva para las viejas palabras. Los segundos hacen algo más raro: modifican nuestra manera de mirar las cosas. Después de leerlos, el mundo no es igual, queda «sesgado» para siempre. (Los científicos aceptan que la observación del sujeto puede modificar el objeto).
El antioqueño Luis Tejada pertenece a esta segunda estirpe. Su caso es singular. No escribió una gran novela, ni un poema definitivo, ni un tratado filosófico, solo decenas de ensayos breves que dejaron una huella delicada en nuestra literatura. No resolvió grandes enigmas: inventó enigmas pequeños. Mientras los filósofos discutían la existencia, el tiempo o la verdad, él sospechó que una corbata, una bala, un paraguas, un gato o una cola inexistente merecían igual atención. Cambió el objeto del asombro.
Se habla con frecuencia del estilo de Tejada, de su ironía, de su afición al socialismo, al periodismo y al suicidio (se mató a los 26). Todo esto es cierto, pero también secundario. El centro de su obra no es la política ni el periodismo. Es una manera de pensar y una ternura al escribir. Los........
