El riesgo de la democracia iliberal
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
Para que quede claro: no pertenezco a ningún partido, estoy fuera de la contienda electoral. De paso, suelo ser remiso a la práctica de revelar el sentido del voto personal. Hay periodistas que piensan que tienen el deber de orientar. Eso es muy respetable. Pero yo no quiero caer en el peligro que encarna ese ejercicio. Puede ser calificado como una concesión a cierta tentación narcisista (¿a quién realmente le importa lo que uno diga?) o el uso del derecho a opinar para obtener ventajas. Eso está fuera de consideración en mi caso. Por fuera de la política electoral ya no tengo aspiraciones de ninguna clase.
Pero como de todos modos me indagan sobre “a quién va a apoyar”, comienzo por invertir la dinámica de esta cuestión: frente a los independientes como yo, la pregunta es otra: señor candidato: ¿cómo me va a convencer de votar por usted?
Y ese convencimiento, en el actual estado de cosas, ya no se limita a la letanía de promesas. El punto crítico es qué garantías reales ofrecen para evitar la posibilidad en ciernes de que Colombia se convierta en una democracia iliberal. Este término parece un oxímoron. Encierra una contradicción. Pero no hay que equivocarse. La erosión de la democracia por dentro es una realidad.
Los primeros síntomas se ubican en Europa. Figuras como Viktor Orbán en Hungría (recientemente derrotado) y Jaroslaw Kaczynski en Polonia. En Italia Matteo Salvini con su Liga Norte. Marie Le Pen en Francia y Vox en España. A su vez, la Turquía de Ataturk, bastión del........
