La enfermedad infantil de los literatos
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De los siete pecados capitales (ira, gula, soberbia, lujuria, pereza, envidia y avaricia) hay solo dos que me parecen esencialmente despreciables: la avaricia y la envidia. Los demás los comprendo un poco mejor.
La ira se justifica muchas veces, y es venial si se siente ante la corrupción, la violencia, la humillación o la calumnia. La soberbia podría entenderse como mero orgullo, que es lo contrario al desprecio de uno mismo, que no es humildad sino autocompasión, y que tiene algo morboso y enfermizo. La gula y la lujuria son pecados tan asociados al placer que me cuesta desecharlos, sobre todo por lo escasos que pueden ser los gustos que se nos ofrecen en esta vida. La pereza es bendita, porque alimenta la creatividad cuando uno intenta escapar de la pereza misma; el ocio (aquello que nos aleja del negocio) puede ser una especie de meditación muy saludable en estos tiempos frenéticos de gente hiperactiva.
Pero la avaricia y la........
