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La destituyente

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08.04.2026

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La obsesión de todos los tiranos es destruir para poder gobernar, o imponer, que es su condición existencial. Todo aquello que se oponga a su pretensión congénita de dictar su personal voluntad hay que quitarlo de en medio, por el mero hecho dizque de bloquear las ocurrencias y caprichos del monarca.

Para la muestra, unos cuantos botones: “Roma soy yo” (Julio César); “el Estado soy yo” (Luis XIV); “el pueblo soy yo” (los sátrapas contemporáneos del trópico americano como Petro, una peculiar caricatura de los Castro, Chávez, Maduro y Noriega).

Su postrer sueño intergaláctico consiste en promover ahora la iniciativa ciudadana por firmas de una exótica asamblea popular constituyente, no convocada por el Congreso como ha sido la usanza, para reinventar el país en un plazo de 90 días, sin previa agenda, ni linderos temáticos, ni parámetros delimitados; sin reglas claras sobre su membresía; partiendo........

© El Espectador