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El futuro de la humanidad: razones para la esperanza en tiempos de incertidumbre

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Invitado por el Grupo Vasco del Club de Roma a reflexionar públicamente sobre "El futuro de la humanidad: razones para la esperanza", comprobé una vez más que las grandes preguntas de nuestro tiempo ya no pertenecen exclusivamente a la filosofía, la política o la economía. La revolución tecnológica, la IA, la emergencia de nuevas potencias y las profundas transformaciones sociales nos obligan a mirar más lejos de lo habitual. Este artículo recoge algunas de las reflexiones que surgieron de aquella conferencia y del debate posterior.

Vivimos una época extraordinaria. Quizá la más trascendental desde el inicio de la Revolución Industrial. Una época que genera inquietud, incertidumbre e incluso miedo, pero que también abre posibilidades inéditas para el progreso humano. Mi convicción, tras décadas observando la evolución de la economía, la tecnología y la sociedad, es clara: existen razones fundadas para la esperanza.

Es comprensible que muchos ciudadanos perciban que el mundo se ha vuelto más complejo y difícil de entender. Durante años describimos nuestro entorno con el acrónimo VUCA: volátil, incierto, complejo y ambiguo. Hoy esa definición se ha quedado corta. Hemos entrado en un mundo BANI: quebradizo, ansioso, no lineal e incomprensible. Los acontecimientos se suceden a una velocidad sin precedentes y la sensación de pérdida de control se extiende entre gobiernos, empresas y ciudadanos.

Sin embargo, conviene recordar una verdad histórica elemental: la humanidad siempre ha avanzado enfrentándose a desafíos que parecían insuperables.

Estamos atravesando simultáneamente cuatro grandes transiciones. La primera es tecnológica y digital. La segunda es climática y energética. La tercera es migratoria y demográfica. Y la cuarta es geoestratégica. Cada una de ellas, por separado, tendría capacidad suficiente para transformar nuestras sociedades. La coincidencia temporal de las cuatro convierte el momento actual en un auténtico cambio de era.

La revolución digital es probablemente la más visible. Hemos pasado de la sociedad agraria a la industrial, de ésta a la sociedad de Internet y ahora a la sociedad de los datos. Los datos se han convertido en el nuevo recurso estratégico. Los algoritmos condicionan cada vez más nuestras decisiones, nuestros consumos, nuestras relaciones e incluso nuestra percepción de la realidad.

Paralelamente, asistimos a una profunda transformación del equilibrio mundial. Durante siglos Occidente dominó la economía y la política globales. Hoy emergen nuevos centros de poder. China, India, Brasil o Indonesia reclaman un protagonismo acorde con su peso demográfico y económico. La llamada........

© El Economista