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Defensa europea, oportunidad para la industria española

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13.03.2026

El convulso marco geopolítico actual ha acabado convenciendo a los líderes europeos de que las amenazas a la seguridad europea, sin duda un bien común primordial, se han incrementado sensiblemente, haciendo ineludible y urgente atender a su defensa. Así lo han ratificado recientemente dos Consejos celebrados en 2025 en los que se ha reconocido "la urgencia de reforzar la base tecnológica e industrial de la defensa europea en toda la Unión", y lo avala el plan de incremento del gasto en defensa en 800 mil millones de euros en los próximos años.

El Informe Draghi sobre la competitividad de la industria europea señala las principales deficiencias que presentan los sectores de defensa. Dependen de un presupuesto de gasto reducido por parte de los estados miembros y carecen de un enfoque tecnológico potente, lo que se traduce en un esfuerzo de I+D muy pequeño, que equivale tan solo al 8% del de EEUU. Y el esfuerzo tecnológico militar no sólo resulta clave para la competitividad de la industria de defensa, sino que derrama también importantes beneficios sobre todo el tejido productivo, dado su frecuente carácter dual. Por otra parte, el mercado de defensa se encuentra muy fragmentado, en respuesta a los intereses y necesidades de cada país, lo que, además de sacrificar economías de escala en la producción, que son amplias en un sector tan intensivo en capital, limita la estandarización e interoperabilidad de los equipos. Adicionalmente, los estados miembros apenas coordinan sus compras públicas, no más de un 18% de su total, lo que dificulta que la industria pueda predecir la demanda a largo plazo y acomodar a ella su oferta, un grave inconveniente, habida cuenta de que los ciclos de producción son largos. Como consecuencia, se facilita considerablemente el acceso de los suministradores extranjeros al mercado europeo (que absorbieron el 78 por 100 de las compras públicas en 2022-2023).

Todo indica, sin embargo, que las condiciones del mercado europeo descritas van a cambiar radicalmente en los próximos años: primero, por el mayor gasto de defensa comprometido por los estados miembros; segundo, por la mayor coordinación de las compras públicas de equipamientos que va a tener lugar. Se abre así una gran oportunidad para avanzar en la reestructuración y consolidación de la industria europea, que cuenta con áreas muy competitivas y con abundantes exportaciones, como las producciones de carros de combate, submarinos convencionales, aviones de transporte y buques, o aplicaciones aeroespaciales clave para la navegación por satélite y la vigilancia ambiental y del cambio climático.

Compartiendo los problemas de la industria de defensa europea, la española posee también fortalezas competitivas, como indica el hecho de que encabece la innovación dentro de la industria española, exporte más del 60% de la producción, cerca de 10.000 millones de euros, y se encuentre integrada en programas europeos estratégicos (Eurofighter, A400M…). Posee capacidades tecnológicas propias en sistemas navales, aeronáutica militar, sensores, radares y sistemas de seguimiento y control de vuelo, guerra electrónica, ciberdefensa, satélites, que permiten contar con más de 500 empresas, entre las que sobresale un selecto grupo de todos conocido: Indra, Navantia, Airbus, Santa Bárbara, EM&E, Sapa Aerospace, Expal Munitions, con amplias capacidades tractoras sobre un amplio y potente conjunto de pymes, con apreciables desarrollos tecnológicos en diferentes nichos. Aun así, su dimensión resulta reducida cuando se compara con las principales empresas francesas o alemanas (Thales, Dassault Aviation, Rheinmetall) e incluso con la italiana Leonardo.

En el proceso recién abierto de reordenación y consolidación de la industria de defensa europea, la contribución de cada país no sólo dependerá de la competitividad actual de sus productos, sino también del esfuerzo en innovación y reorganización de su tejido productivo que acometa desde ahora. Es indudable que España puede y debe aspirar a ocupar una importante posición en esa nueva industria europea y, con este motivo, el ambicioso Plan Industrial y Tecnológico recientemente aprobado persigue mejorar de forma sensible las ya buenas credenciales de la industria española, facilitando que las empresas ganen tamaño, refuercen las capacidades tecnológicas que poseen, y desarrollen otras en áreas relacionadas y enfrentadas a mercados expansivos, o en las que los intereses de la seguridad exclusivamente nacional posean un peso incuestionable.

Es en este marco en el que cobran sentido los planes de Indra para aumentar sus actividades y dimensión y convertirse en un verdadero campeón nacional. Se trata de una de las compañías más grandes de España, tanto en defensa como en tecnología, que participa en sistemas electrónicos, radares, simuladores, ciberseguridad y proyectos internacionales y ha demostrado una indiscutible capacidad de atraer a su red de proveedores de más de mil empresas españolas, más de la mitad pymes.

Con todo, la política industrial desplegada en este sector debe tratar de perfilar algunos otros extremos, en orden a crear un verdadero ecosistema industrial de defensa. Primero, huir de favorecer las posiciones de monopolio, propiciando en cambio la competencia entre empresas, sobre todo en aquellos segmentos de gran solidez tecnológica, donde la rivalidad sólo ofrece beneficios, tal y como señala el reciente Premio Nobel de Economía Philippe Aghion. En segundo término, apostar a fondo por la innovación, privilegiando a aquellas empresas que desarrollan tecnologías propias y de posible aplicación a la industria civil, favoreciendo la cooperación entre empresas y creando fondos de capital para el surgimiento de starts up. En tercer lugar, fomentar la formación especializada, asegurando el cultivo del talento con el que conducir unas empresas tan delicadas dentro del espacio comunitario. Finalmente, crear capacidades de coordinación entre las empresas y sus clientes, las administraciones públicas nacionales e internacionales, así como entre empresas públicas y privadas. La forma eficiente de conseguir todo esto, avalada por una larga experiencia internacional, es la figura de Agencia gubernamental.

En definitiva, España dispone de fondos que puede y debe destinar a su industria de defensa. Esta cuenta con un gran potencial de desarrollo y conoce un gran momento de expansión de la demanda y reconfiguración de dimensión y estructura en el plano europeo. No perdamos esta gran oportunidad.


© El Economista