El nacionalismo anglosajón de los 'proxy advisors'
Si Iberdrola es ya la segunda mayor utility del mundo por capitalización bursátil, por delante de muchas eléctricas estadounidenses, surge una pregunta inevitable: ¿por qué no puede aspirar también a remunerar a sus directivos como lo hacen la sexta o la octava utility mundial? ¿Solo porque su sede sigue estando en Bilbao y no en Houston o Nueva York?
Hay debates que parecen técnicos, pero que en realidad son profundamente políticos. Lo que ocurre con Iberdrola y las recomendaciones negativas de ISS y Glass Lewis sobre su nuevo plan de incentivos a largo plazo no es solo una discusión sobre remuneraciones. Es también un síntoma de un problema más amplio: la dificultad de ciertos centros de poder financieros internacionales para aceptar que una multinacional global pueda seguir teniendo acento español.
Iberdrola ya no es una utility española convencional. La empresa se ha convertido en una de las mayores eléctricas del mundo, con una presencia decisiva en Estados Unidos y Reino Unido. Solo en Estados Unidos acumula activos valorados en unos 56.000 millones de dólares, mientras que Reino Unido representa otro de sus........
