Las vivas de Juárez
Hay ciudades que llevan su historia marcada en la piel. Juárez es una de ellas. Durante años fuimos testigos de una pesadilla colectiva, una década completa entre 1993 y 2003, en la que el miedo, la impunidad y la injusticia se instalaron en sus calles. De hecho, mi primer viaje a esta frontera lo hice en 1999, cuando era editor de fotografía en el semanario Proceso, en medio de la tragedia que vivía esta ciudad y sus mujeres.
Aquella época dejó una herida profunda, un eco que seguimos aprendiendo a escuchar sin que nos paralice. No solo dolieron las ausencias: dolió el silencio, la mirada hacia otro lado, el paso del tiempo que parecía borrar todo menos el miedo. Pero, detrás de esa historia trágica, siempre hubo algo más poderoso: la fuerza de las mujeres juarenses, vivas, tercas, luminosas.
Hoy, a 27 años de aquella primera visita, me reencuentro con una ciudad fronteriza resiliente, dinámica y generosa, que cada día se supera a sí misma. Nada que ver con lo que registré también en otro viaje profesional, por ahí de 2011, en medio de la pesadilla generada por la........
