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El amor a los libros en Juárez

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03.03.2026

A veces cuesta trabajo que desde fuera se reconozca la vitalidad cultural de Ciudad Juárez. Muchos asocian esta frontera con violencia, migración o maquiladoras, pero pocas veces con arte, con lectura o con libros. Y, sin embargo, aquí también late una comunidad que crea, publica, fotografía y escribe. Una Frontera Viva, alimentada por quienes creemos que la cultura también se defiende con palabras e imágenes.

El pasado 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad, esta ciudad celebró el amor a los libros. Ese día se presentó “Bibliofilia, el amor a los libros”, un proyecto colectivo que reúne el trabajo de 43 fotógrafos y 11 escritores. La cita fue en la Galería del Centro Cultural Paso del Norte, donde además se inauguró una exposición fotográfica vinculada a la obra. No podía haber mejor fecha para rendir homenaje a ese vínculo íntimo y casi romántico que muchos mantenemos con los libros.

Ese día recorrimos la galería para celebrar un objeto, el libro, y me dio mucho gusto encontrarme por ahí al talentoso Jorge Cuevas, mejor conocido en la frontera como “Minino”, quien participa con una imagen en dicho proyecto, junto a otros queridos colegas como Gilberto Chen, Pablo Ortíz Monasterio, Carlos Contreras, Vicente Guijosa, Ángeles Torrejón, Mónica Ayala y Yolanda Luna, entre muchos otros.

Bibliofilia no es solo un objeto hermoso —aunque su edición lo es—, sino una declaración de fe en el poder del libro como punto de encuentro. En sus páginas, imagen y palabra dialogan sobre una misma pasión: el acto de leer, coleccionar y preservar la memoria impresa. Cada fotografía y cada texto retratan esa relación que hoy parece más frágil, en tiempos dominados por pantallas, velocidad y consumo digital.

Miguel Ángel Berumen es el inspirador y productor de este fantástico proyecto.

Cuando tuve el libro en mis manos, me detuve a observar su textura, su olor, su peso. Recordé la primera vez que entré a una biblioteca pública siendo niño, ese asombro de descubrir cientos de mundos apilados en los estantes.

Porque esta frontera no solo se habita, se imagina. Y, en ese imaginario, los libros tienen un lugar crucial. Las bibliotecas aquí no son solo refugios del calor o del polvo, sino espacios de encuentro, de conversación, de comunidad. En ellas, uno entiende que la cultura no sucede únicamente en los grandes centros urbanos; florece también en las esquinas, en los territorios que se niegan a ser silencio. Frontera Viva, una vez más.

La exposición fotográfica que acompaña el libro prolonga esa idea: los retratos de libreros, lectores, bibliotecas y colecciones privadas revelan la dimensión humana del objeto libro. Es una galería de afectos: cada imagen parece decir “este libro me pertenece, pero también me define”. Lo mismo ocurre con los textos: crónicas, ensayos breves y reflexiones que van desde la nostalgia por los volúmenes antiguos hasta la exaltación del acto de leer como resistencia.

Entre las páginas hay nombres conocidos de la fotografía juarense, miradas diversas que interpretan la bibliofilia de maneras muy distintas: desde el libro como fetiche hasta la biblioteca como territorio íntimo. En conjunto, el libro construye un retrato coral, una radiografía sentimental del amor a los libros en la frontera norte.

No deja de ser simbólico que Bibliofilia nazca aquí, donde tantas veces se dice que la cultura está en pausa. Este proyecto demuestra lo contrario. Hay talleres, hay editoriales, hay artistas y fotógrafos que siguen apostando por el libro impreso, no como un lujo, sino como una forma de permanencia. Porque los libros, a diferencia de los titulares, no caducan al día siguiente.

Hace falta detenerse a celebrar estos gestos. No por nostalgia, sino porque nos recuerdan que Juárez no es solo escenario de noticias duras. También es un lugar donde el arte persiste, donde la palabra encuentra refugio, donde la lectura todavía puede ser un acto colectivo. Esa energía cultural atraviesa la ciudad como una corriente subterránea: no siempre visible, pero siempre presente. Y es ahí donde cobra sentido hablar de una Frontera Viva: una que lee, escribe, fotografía y comparte.


© El Diario