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Una buena y una mala

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05.04.2026

Como suele suceder en la vida cotidiana, hay ocasiones en las cuales tenemos una buena noticia acompañada de una mala. En este caso, la buena noticia para México es que Juan Ramón de la Fuente ya no es el canciller de México; la mala es que quien llega no parece tener la preparación ni la estatura para el cargo.

Durante el gobierno de López Obrador, siempre dije que, a mi parecer, había tres funcionarias cuyo rendimiento era bajo, casi nulo: Olga Sánchez Cordero en Gobernación, Irma Eréndira Sandoval en la Función Pública y Rocío Nahle en Energía. Ahora, durante el gobierno de Sheinbaum, sin el menor resquicio de duda, concluyo que el funcionario más inepto era Juan Ramón de la Fuente.

Si bien De la Fuente fue secretario de Salud y rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, lo cierto es que no tenía el perfil para conducir la política exterior de México. De manera concreta, el área diplomática requiere una persona con capacidad, estatura y tablas, especialmente porque, desde que llegó López Obrador (y ahora con Sheinbaum), el gobierno ha asumido un desdén sistemático hacia la política exterior. Nombramientos como el de Pedro Salmerón como embajador en Panamá —mismo que no se concretó porque el país anfitrión no concedió el beneplácito respectivo—, el de Quirino Ordaz como embajador en España, entre muchos otros, han demostrado el profundo desprecio que los gobiernos de la 4T tienen hacia la política exterior de México.

En varias ocasiones escribí en este mismo espacio la forma en que México se fue alejando del mundo, pues la premisa de la 4T es y ha sido que “no hay mejor política exterior que una buena política interior”. Lo peor del caso es que tampoco tenemos una buena política interior. ¿Qué les dirán nuestros........

© El Diario