La caída de El Mencho
Hace una semana despertamos con la noticia de que Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, había sido abatido por las fuerzas militares en Tapalpa, Jalisco.
Oseguera había iniciado su carrera criminal en San Francisco, California, en la década de los ochenta. Posteriormente, y después de varias deportaciones, fue policía en Jalisco, retomó su carrera delictiva y se convirtió en el líder de la organización criminal más temida de México. Oseguera era una de las personas más buscadas por el gobierno de Estados Unidos.
Según la información oficial, al Mencho lo capturaron herido y murió en su traslado a la Ciudad de México. A partir del abatimiento de Oseguera, se dieron una serie de reacciones en diversos estados del país a partir de la actuación de distintas células criminales. Narcobloqueos, ataques a tiendas de conveniencia, autos robados e incendiados, entre otras reacciones. El operativo que tuvo como consecuencia su muerte no fue debidamente planeado. De acuerdo con diversas fuentes periodísticas, la muerte de Oseguera produjo la muerte de casi setenta personas, entre ellas, decenas de militares.
Siempre es muy fácil opinar. Sin embargo, considero que el operativo pudo haber sido menos sangriento. Todos recordamos la captura de grandes capos del crimen organizado. En ninguna de estas hubo tantas bajas. Cuando se detuvo al Chapo Guzmán (en dos ocasiones) no hubo decenas de muertos. Se le detuvo, se le imputó, se le encarceló y posteriormente se le extraditó. Lo mismo pasó con Osiel Cárdenas Guillén, quien terminó siendo extraditado. En el caso de los Arellano Félix, en algunas detenciones hubo violencia, pero en ningún caso como la ocurrida hace una semana en Jalisco. Esto viene a evidenciar que el gobierno no tuvo suficiente tiempo para planear dicha captura. Llegó a la aventurada conclusión y especulo que en el último momento el gobierno mexicano fue informado por parte de los norteamericanos de la ubicación de Oseguera. El gobierno mexicano, por el temor de que vinieran las autoridades norteamericanas a detener al Mencho (de forma similar a como lo hicieron con Maduro), prefirieron lanzar un operativo improvisado. Por eso, la desbordada violencia por la captura del capo.
Incluso hay quienes especulan que la muerte del Mencho se pudo haber dado por parte de las autoridades mexicanas, por temor a que fuera a Estados Unidos a revelar las complicidades que evidentemente existen entre el gobierno actual de la 4T y el crimen organizado.
Siempre es bueno que el gobierno actúe, pero debe medir la consecuencia de sus acciones. Si el gobierno actuara de forma decidida en contra del crimen organizado, no tendrían la amenaza latente de que vengan autoridades extranjeras a llevar a cabo las funciones que, de conformidad con la ley, el propio gobierno mexicano debe implementar. Resulta bastante irónico que el gobierno mexicano únicamente actúe mediante la presión que ejercen los norteamericanos. Este gobierno se la pasa hablando de vendepatrias, cuando en los hechos ellos han vendido la patria a los criminales. Por eso no caben las críticas que ellos puedan hacer a cualquiera que no comparte sus posturas, pues únicamente actúan a petición y presión de nuestros vecinos.
El problema es que cuando un capo es neutralizado surge uno nuevo. Así ha sido con todas las organizaciones criminales en México. Cuando el gobierno extraditó al Chapo Guzmán, se dieron distintos acomodos en esa organización. Posteriormente se llevaron al Mayo Zambada y la guerra en Sinaloa continúa. Lo mismo pasó con el Cártel del Golfo, el de Juárez, entre otros. No basta con neutralizar a un líder criminal. México requiere retomar el camino de las instituciones, promover y fortalecer el Estado de Derecho; sin embargo, no se ve que esa sea la intención.
El gobierno, en vez de estar pensando en cómo fortalecer a las instituciones, promueve la destrucción del Poder Judicial de la Federación, de los órganos constitucionales autónomos, nombra como fiscal a una persona muy vinculada a Morena y justifica el deterioro institucional. La prioridad actual para el gobierno es una reforma electoral, no una reforma de seguridad y justicia.
Bien, dicen que el político está pensando en las próximas elecciones, pero el estadista está pensando en las próximas generaciones. En este caso, es evidente que la única prioridad del gobierno es amasar más poder. Hemos tenido en nuestra historia reciente el Plan A, el Plan B, el Plan C, y todos han tratado de reformar el sistema electoral mexicano, con el propósito de erradicar a la oposición. ¿Quién puede estar pensando en este momento en una reforma electoral y no en seguridad? Efectivamente, el gobierno de Morena.
Desafortunadamente, no creo que los índices de violencia bajen en el país. La colusión entre el gobierno y el crimen es tan fuerte que el gobierno solamente actuará cuando le sea solicitado por el vecino del norte. La federación ha entrado en un Laissez Faire perverso, en donde permite que el crimen haga y deshaga. También la ciudadanía tiene un dejo de responsabilidad, pues hay estados como Sinaloa en donde, a pesar de la violencia, se permite que Rubén Rocha siga siendo gobernador.
Los hechos de violencia de la semana pasada pusieron en alerta a la FIFA. Esto, pues Guadalajara será una de las sedes mundialistas en junio próximo. El gobierno está tratando de convencer a la FIFA que Guadalajara es un destino seguro. Lo hace al mismo tiempo que remodela el Aeropuerto de la Ciudad de México. Esto nos indica que el gobierno solamente actúa en función de la presión exterior, tanto por el tema de violencia como por el tema de la imagen que se tiene ante el mundo. Es una pena que, para las decisiones que toma el gobierno de México, se tomen más en cuenta las opiniones del extranjero que las propias.
Por lo pronto, México se encuentra en alerta por la caída de un líder criminal. Espero que el gobierno se decida pronto a sacudirse compromisos con los poderes fácticos, para que puedan finalmente gobernar para todos y para el interés general.
