Arriaga y la educación en México
Tenía la disyuntiva sobre qué tema escribir esta semana. Y es que en este país siempre están pasando cosas. Por un lado, pensaba escribir sobre los brotes de sarampión que han tenido lugar en México. Sin embargo, para nuestra mala fortuna, este tema parece que durará varios meses, por lo que puedo aplazar el hablar de este tema. Por tanto, decidí mejor escribir sobre la salida de Marx Arriaga de la SEP.
El viernes pasado, trascendió en diversos medios de comunicación una escena muy penosa. Varios policías escoltan a Marx Arriaga expulsándolo de su oficina en la Secretaría de Educación Pública. Arriaga fungía como Director General de Materiales Educativos.
Hasta el momento de escribir este artículo, no quedan claras las razones del cese de Marx Arriaga. Tampoco queda claro si ya abandonó las instalaciones de la SEP, porque según él, inicio un proceso de “resistencia”. Sin embargo, por el bien de la educación pública en México, creo que es una buena noticia.
En el video se observa a un Arriaga enfurecido, que grita que es muy valiente, que es obradorista (como si eso fuera motivo de orgullo) y pide que lo esposen cuando lo están corriendo del edificio donde están ubicadas sus oficinas.
El rol de Arriaga ha sido polémico. Fue el encargado de diseñar los libros de texto del sistema educativo mexicano, cuando más han sido criticados los mismos. En la Secretaría de Educación han pasado personajes de la talla de José Vasconcelos, Justo Sierra y Jaime Torres Bodet. Sin embargo, el obradorismo que todo lo pervierte llevó hasta ese importante cargo a personajes como Delfina Gómez, y en la actualidad a un personaje vinculado al huachicol, como lo es Mario Delgado.
No conformes de haber nombrado a personajes de tan diminuta talla, nombraron a Arriaga como Director de Área en esa importante responsabilidad. Y es que esa Dirección es la encargada de la elaboración de los materiales de texto de las escuelas. No debemos olvidar que los mismos fueron muy polémicos porque adoctrinaban, en lugar de educar, además que se encontraron diversos errores educativos. No solo eso; dichos libros incluían posturas ideológicas más que educativas. Debemos recordar que los mismo fueron diseñados para golpear a Lorenzo Córdova, expresidente del INE, a Felipe Calderón, entre otros. Es decir, un libro de texto diseñado para generar odio contra un personaje que, con aciertos y errores, fue cabeza del órgano electoral de México, y otro, más importante, que fue presidente.
Regularmente, esa clase de materiales se imprimen con el consenso mayoritario de especialistas en materia. En el corrupto obradorato, se convirtió solamente en un departamento de adoctrinamiento, al más puro estilo de 1984 de Orwell. Lo mismo han hecho en sus respectivos puestos lacras sociales como Paco Ignacio Taibo (Director del Fondo de Cultura Económica) o el mismo Mario Delgado, que de educador no tiene nada.
Siempre he dicho que el Estado como ente político solamente tiene tres funciones: brindar seguridad, garantizar servicios de salud, y educar a la población. Sin embargo, esa educación debe estar desprovista de toda clase de filias y fobias ideológicas. Es cierto que la historia la escriben los vencedores. Durante años nos han dicho que Benito Juárez era enteramente bueno y que Porfirio Díaz era enteramente malo. Las cosas no son así en blanco y negro. Ahora, con un personaje como Arriaga en esa área tan importante, la polarización y la carga ideológica vuelven a ser lo cotidiano.
Arriaga ha sido conocido en el pasado como una persona que lleva a cabo el “mansplanning” que es la práctica de los hombres de querer explicar todo a las mujeres porque se les considera incapaces. El impresentable de Arriaga incurrió en acciones de este tipo.
Regularmente, los gobiernos tratan de ir incidiendo en el futuro del país cuando se involucran en el tema educativo. Con la desaparición del Instituto Nacional de la Evaluación de la Educación, el organismo constitucional autónomo encargado de revisar la política educativa de México, la secretaría de educación tuvo carta abierta de hacer lo que le da su gana en materia educativa. A la fecha, parecería que la educación irá cambiando de rumbo cada sexenio.
Fue una profunda irresponsabilidad republicana de López Obrador haber nombrado a Arriaga en ese cargo. Fue todavía más irresponsable haberlo mantenido ahí por parte de Sheinbaum, especialmente porque ella a diferencia de su antecesor, debe conocer un poco más del sistema educativo en México.
En varias ocasiones nos tocó ver a Arriaga ir a distintos programas de debate político a defender la postura del gobierno. No se necesita mucho tiempo para poder concluir que Arriaga es un tipo visceral y peligroso que no debe estar en ninguna responsabilidad pública. Su postura dogmática evidencia que no era una persona preparada para el cargo. Su berrinche al no querer abandonar las instalaciones de la SEP lo confirman.
Sin embargo, la salida de Arriaga no soluciona nada. Como refería anteriormente, la educación está ahora en manos de una persona que se le vincula con el huachicol. Es decir, quien debe dirigir la política educativa de México es una persona que es señalada de cometer actos ilícitos. Lo peor del caso es que la corrupción y la vinculación con el crimen organizado es la marca de Morena. El caso del Senador Adán Augusto López Hernández, acusado de vínculos con “La Barredora” viene a decirnos que este ya es un patrón de comportamiento. Pudieron haberlo sacado de coordinador de la fracción de Morena en el Senado, pero sigue siendo una persona señalada. Los casos de los gobernadores de Sinaloa y de Tamaulipas nos prueban una vez más qué tan podrido está el sistema político de Morena.
El caso de Arriaga no es un tema (hasta ahorita) vinculado con el crimen organizado, pero no por ello deja de ser peligroso. Como se vio en 1984 de George Orwell, el gobierno tiene interés de ir moldeando las mentes de los más pequeños para sus aviesos fines. Lo mismo pasa en el segundo capítulo del obradorato. Morena y sus cómplices han emprendido una política pública de adoctrinamiento a través de sus comunicaciones, sus editorialistas a modo, sus escritores, y ahora, sus funcionarios educativos. Cada vez nos parecemos más a la Cuba de los Castro, o a Corea del Norte, emprendiendo una cultura de zalamería y abyección hacia una figura corrupta como lo es López Obrador.
La educación debe ser una política de Estado, no una política de gobierno. Debe estar desprovista de todas las fobias que contiene el actual régimen (Calderón, Córdova, entre otros). Debe acercarse a la ciencia, no alejarse de ella. Vivimos en una supuesta democracia, no en un Estado totalitario. Por eso, la salida de Arriaga es un avance, aunque no es suficiente. Falta Mario Delgado, el Fisgón, Taibo, y toda esa caterva de rufianes que se han dedicado a polarizar y dividir al país. Solamente de esa manera tendremos avances en cualquier materia.
