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Maquila: Importar es más fácil que comprar en México

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08.03.2026

Muchas maquiladoras quisieran proveedores nacionales de insumos y obvio que también los propios empresarios mexicanos, pero el diseño fiscal y la regulación alrededor de éstas, no lo permite. Las trabas para integrar contenido nacional son causa y no consecuencia.

La pregunta es, si ya se sabe dónde está atorado el país, ¿por qué no le mueven para que eso cambie?

Si México lograra sustituir apenas una décima parte de los insumos que hoy importa su industria exportadora, la economía nacional podría generar cientos de miles de empleos adicionales. No se trata de cerrar la economía ni de abandonar las cadenas globales, sino de algo más simple: permitir que más empresas mexicanas participen en ellas.

México quiere aumentar el contenido nacional de sus exportaciones, pero el propio diseño fiscal y administrativo del país sigue haciendo más fácil importar componentes que comprarlos a proveedores mexicanos.

México se ha consolidado como una potencia exportadora. Tan solo en los últimos años, el país ha logrado colocarse entre los principales exportadores manufactureros del mundo, con ventas al exterior que superan los 600 mil millones de dólares anuales y una fuerte integración con el mercado de Estados Unidos.

Sin embargo, detrás de esa cifra impresionante se esconde una realidad menos celebrada: una parte considerable del valor de lo que México exporta en realidad se produce fuera del país.

El modelo exportador mexicano, especialmente en la industria maquiladora, se ha construido durante décadas sobre una lógica relativamente simple: importar componentes, ensamblarlos y posteriormente reexportarlos.

Y se presume mucho, sobre algo que no logra cobrar sentido: Chihuahua altamente exportador, se dice, cuando en realidad solo se agrega mano de obra a insumos importados, que ya como producto terminado agarran valor.

Este esquema ha permitido generar empleo, atraer inversión extranjera y consolidar corredores industriales a lo largo de la frontera norte. Pero también ha dado lugar a una estructura productiva donde el contenido nacional en muchas exportaciones sigue siendo limitado.

Paradójicamente, el problema no radica únicamente en la falta de proveedores mexicanos capaces de integrarse a estas cadenas de suministro. En muchos casos, las propias reglas fiscales y administrativas del país terminan favoreciendo la importación de insumos frente a la compra de componentes fabricados en México.

Así, el sistema que impulsa las exportaciones termina, al mismo tiempo, frenando la incorporación de mayor valor nacional dentro de ellas.

Las trabas más comunes

Uno de los principales obstáculos para integrar más proveeduría nacional en las exportaciones mexicanas está en el propio diseño fiscal del programa Programa IMMEX.

Las empresas maquiladoras pueden importar insumos temporalmente sin pagar IVA ni aranceles, siempre que el producto final sea exportado. Sin embargo, cuando compran componentes a proveedores mexicanos sí deben pagar el IVA y esperar posteriormente su acreditamiento o devolución.

Este simple detalle genera un incentivo claro: en muchos casos resulta fiscalmente más sencillo importar piezas del extranjero que adquirirlas dentro del país.

A esto se suma la complejidad administrativa de los mecanismos creados para facilitar las compras nacionales.

Cuando un proveedor mexicano vende a una maquiladora, muchas veces debe registrarse la operación como una “exportación virtual”, lo que implica pedimentos aduanales, controles de inventario y coordinación documental entre empresas.

Además, para operar con los beneficios fiscales del programa se requieren certificaciones especiales otorgadas por el Servicio de Administración Tributaria, que exigen controles administrativos y auditorías que muchas pequeñas y medianas empresas no están en condiciones de cumplir.

Finalmente, el régimen regulatorio del programa está diseñado principalmente para controlar importaciones temporales, no para fomentar la integración de proveedores nacionales.

Esto implica reglas estrictas de trazabilidad, plazos para el retorno de mercancías y revisiones fiscales constantes. Ante el riesgo de auditorías o sanciones, muchas empresas optan por mantener esquemas simples de importación desde sus cadenas globales de suministro.

Así, paradójicamente, el sistema que impulsa el éxito exportador del país termina dificultando la incorporación de mayor contenido nacional en esas mismas exportaciones.

En estos tiempos de incertidumbre y desempleo, el gobierno debiera ponerse las pilas a favor de las empresas nacionales para que puedan tener éxito. Sí éstas prosperan, generaran empleos y miles de millones en impuestos.


© El Diario