PAN: Oportunidad de oro, elegir democráticamente
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A fines de 1997, cercanas las fechas para que el presidente Zedillo designase el candidato del PRI a la gubernatura de Chihuahua, el entonces dirigente estatal, Artemio Iglesias, que creía ser el candidato ‘natural’, fue ‘avisado’ que no lo designarían, que se efectuaría una elección abierta a la ciudadanía y que quienes acudieran a ella, aunque no fueran priístas, podrían votar si en el mismo acto se afiliaban al partido.
El entonces diputado federal Patricio Martínez había buscado febrilmente ser el ungido y recibió feliz la noticia. Se dice que el secretario particular del presidente, Liébano Sáenz, ya le había notificado que Zedillo veía con ‘muy buenos ojos’ que él fuera el candidato y «rescatara», para el PRI, el estado de Chihuahua, gobernado en ese momento por el panista Francisco Barrio.
El PRI, por vez primera en su historia, acudía a una elección ‘abierta’ o de sus militantes a encontrar a su candidato.
Patricio arrolló a Artemio.
A las 3 de la tarde del día de la elección, la oficina de coordinación de éste permanecía atendida solamente por dos o tres personas.
Enfrente, días después, el PAN llenaba el gimnasio Manuel M. Quevedo y efectuaba, también, un respetable ejercicio democrático, del que saldría triunfador el juarense Ramón Galindo.
El PAN acudió dividido a la elección. El PRI regresó al gobierno estatal.
El PRD, la izquierda electoral de entonces, cerró la elección de su candidato a gobernador al Consejo Estatal. Salieron divididos. Víctor Quintana fue derrotado por Esther Orozco, prima del dirigente estatal, Víctor Orozco.
Un año después, para elegir a su dirigencia estatal, convocó a todos sus militantes. Fue el último proceso electoral interno del que saldrían indemnes, los efectuados posteriormente constituyeron gigantescos fraudes.
El PRD no se recuperaría de ello y se enfilaría a una política entreguista, que culminaría con su activa participación en el Pacto por México, convocado por Peña........
