Esperando que el agua llegue
El 22 de marzo, en el marco del Día Internacional del Agua, la ciudad se llenó de festivales, actividades escolares y discursos que, por unas horas, colocaron el tema en el centro de conversación pública. Sin embargo, más allá de los escenarios adornados, las palabras bien intencionadas, persiste una realidad que no se disfraza: en esta frontera sedienta, el agua no es solo un tema de agenda, sino una urgencia que atraviesa la vida cotidiana, la salud y la fortaleza de miles de personas.
La conmemoración no debería ser un acto de dibujar gotas a manera de caricatura o reducirse a consignas sin fondo, sino un ejercicio constante de conciencia, responsabilidad y, sobre todo, de acción.
En Juárez, donde el viento levanta polvo y el verano cae como una plancha ardiente sobre los techos de lámina y cartón, el agua no se da por sentada. Se espera. Se calcula. Se guarda. Cuando el calor aprieta, el agua deja de ser comodidad y se vuelve urgencia.
En muchas colonias, cuando aparece en las tuberías, no hay tiempo que perder, la escena más reveladora ocurre de madrugada: las familias no duermen profundamente cuando saben que esa noche el agua puede llegar. El primer silbido en las tuberías basta para despertar la casa. Son las cuatro, las cinco de la mañana. Alguien se levanta, abre la llave del patio, acomoda la manguera, revisa los tambos. Las gotas caen con un golpe hueco en el plástico. Nadie se........
