El otro rostro de nuestra basura
Hay un momento de la mañana en nuestra frontera que casi nadie presencia, que casi nadie reflexiona. Cuando la mayoría apenas despertamos, cuando el café comienza a hervir y las calles aún bostezan, ya hay hombres que han iniciado una jornada entre bolsas negras, olores penetrantes y montañas de aquello que nosotros decidimos olvidar. Para muchos, la basura termina cuando cerramos la bolsa y la dejamos sobre la banqueta. Para ellos, apenas comienza. El camión recolector dobla la esquina. Se escucha el golpe metálico de los contenedores, el motor, las voces que se gritan para coordinar el siguiente domicilio. En cuestión de segundos levantan bolsas que pesan más de lo que aparentan. Caminan kilómetros aferrados al estribo del camión, bajo el sol que en verano convierte el pavimento juarense en una plancha ardiente y, en invierno, soportan el viento helado que atraviesa los guantes y la ropa. Muchos de nosotros apenas alcanzamos a decirles "gracias". Otros ni siquiera levantan la mirada. Algunos sacamos quizás algunas monedas que nos sobran, y ellos se quitan sus guantes de trabajo para recibirlas con humilde gesto de agradecimiento.
Sin embargo, son ellos quienes hacen posible que la ciudad despierte limpia cada día.
Más allá del recorrido de los camiones existen otros trabajadores todavía más........
