El discurso de Mark Carney y la experiencia latinoamericana
El acontecimiento que marcó la semana fue, sin duda, el discurso del Mark Carney, primer ministro canadiense; aunque expresado para apuntalar la posición de su país, quienes lo escuchamos nos sentimos representados en sus palabras; fue, en verdad, un discurso valiente que se contrapuso con firmeza a la voz de quien se presenta como el hombre más poderoso del planeta.
Fue en muchos sentidos elegante y preciso: tuvo como eje una anécdota del expresidente de la República Checa, Václav Havel, en la que relata cómo, para sobrevivir en los países socialistas, era necesario “vivir dentro de la mentira”, aparentando y exponiendo públicamente el respaldo a un sistema de convivencia en el que pocos creían.
Figura que le sirvió de fondo para introducir la idea de que la polarización internacional ha relegado a la categoría de socios menores a las que llamó con insistencia “potencias medias”; y el concepto de un nuevo orden internacional que ya no responde a las reglas aceptadas y respetadas, sino a los intereses de las grandes potencias.
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Como si estuviera evocando el discurso con el que Winston Churchill en 1946 inauguró la “Guerra Fría”, advirtiendo que una “cortina de hierro” estaba dividiendo profundamente a Europa; Carney fue rotundo al afirmar: “estamos en medio de una ruptura no de una transición”.
En sentido práctico, lo más interesante de su discurso fue que, además de ofrecernos un detallado diagnóstico del lamentable estado en que se encuentra la sociedad internacional, también nos presentó el remedio para que naciones, equiparables en capacidad económica a Canadá, puedan, al menos, sobrevivir en este nuevo escenario.
Su diagnóstico está concentrado en los aspectos económicos de las relaciones internacionales y se resume muy bien en su idea de que las reglas comerciales se aplican asimétricamente y en estas palabras que nos exponen el abuso de este nuevo régimen: “las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como arma. Los aranceles como palanca y la infraestructura financiera como coerción”.
En cuanto al remedio, empieza por concluir que, ante esta situación los países........
