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¿Son las emociones las que nos hacen sobrevivir?

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25.02.2026

Aun cuando con frecuencia no somos conscientes, todo lo que está a nuestro derredor nos despierta emociones, esto es, reacciones psicológicas y fisiológicas básicas como la alegría, la tristeza, el miedo, ira o enojo, sorpresa y otras más como confusión, estrés, vergüenza, satisfacción, ansiedad. Son tan importantes las emociones que si no fuera por ellas no reconoceríamos lo que sentimos y necesitamos y nos ayudan, además, a establecer contacto y favorecer la toma de decisiones precisamente con y hacia el mundo que nos rodea.

Y aunque es la alegría la que más nos gusta sentir porque se relaciona con la satisfacción, tristemente no es posible vivir siempre bajo el influjo de esta emoción pues no todo está del todo bien de manera permanente ni tampoco estamos en un estado de bienestar continuo: ¡buena falta nos hace estar más alegres para tener una visión positiva del mundo y hasta de nosotros mismos! Ahora bien, la que pudiéramos considerar su contraparte, la tristeza, es la emoción que sentimos ante la pérdida de algo o alguien querido, valores olvidados, rupturas… es difícil de gestionar y nos hace sentir cansados, sin embargo, es tan es necesaria como la alegría.

¡Y qué decir del miedo! que tanto tiene que ver con el instinto de la supervivencia ¿se ha sentido en peligro o que algo le amenaza? Entonces ha sentido miedo, ya sea real o percibido. La cuestión es que aun cuando no nos guste es un sentimiento necesario pues, de lo contrario, sería difícil defendernos y cuidarnos. No hay de otra: cuando lo sentimos o huimos, nos paralizamos o luchamos y, aunque es frecuente sentirnos acechados, no por ello debemos vivir sintiéndonos permanentemente amenazados.

Tampoco nos sentimos bien cuando nuestros límites se ven rebasados, cuando alguien o algo nos hace daño o percibimos algo injusto, porque además de sentir ira y enojo, se corre el riesgo de expresar violentamente la energía que provocan. En ese sentido otro sentimiento que nos desafía es el asco, la repulsión o rechazo, toda vez que nos lleva a toma distancia de aquello que nos ocasiona aversión. Y por último, para bien o para mal, cuando ocurre algo inesperado o novedoso sucede llega la sorpresa, que no podemos calificar como una emoción positiva o negativa.

Y usted se preguntará ¿a qué viene todo esto de las emociones en un espacio editorial en el que se tratan temas sobre la ciudad? Pues precisamente por eso, porque la ciudad cada día despierta emociones en usted y en mí.

Si a usted le preguntaran ¿Cómo se siente moverse en Ciudad Juárez? ¿Usted qué respondería? Pues u día, en un taller de esos que se hacen sobre la ciudad y los derechos que tenemos en ella la pregunta se hizo ante un grupo de participantes y las respuestas tomaron este sentido:

“… Cansado, muy pero muy casado. Por el clima, por el transporte público”, “… Triste, abandonado, porque parece que se hace a propósito”, “… Se podría caminar… si fuera seguro y relajante”, “… Caótico, si eres ciclista y aún en auto”, “… Dos ciudades diferentes, en el sur no hay la misma calidad de vida, hay polarización”, “… Es una adivinanza, por lo inesperado”, “… Estresante y peligroso por el mal estado de las calles”, “… Es un juego del Mario Bros, un bache y pasas a otro mundo, y cuando hay agua no te imaginas las trampas”.

Un joven compartió: “Yo estudio en Ciudad Universitaria, allá donde el transporte no quiere ir. A mí, “me escupen” en medio del desierto y si no hubiera alguien que me diera un “raid” tendría que caminar hasta dos horas por fraccionamientos olvidados, abandonados”

“Para vivir en la ciudad -dijo otro joven participante- se debería tener infraestructura, pero no solo la que se orienta a los sectores productivos. Una infraestructura pensada para todos, en la diversidad de la población, con acceso a la cultura y espacios públicos”

Hasta aquí solo retomo el sentir y pensar de jóvenes que desean ser escuchados cuando hablan sobre la ciudad. Por cierto, llamó mi atención que siendo una convocatoria abierta para hablar de temas urbanos el grupo estaba integrado, en buena medida, por jóvenes en edad universitaria interesados en cuestiones participativas. El sabor de boca que quedó es que la universidad está cumpliendo con su labor de formar ciudadanos: hay quienes responden a los llamados.

Por último, queda hacer una reflexión: de las emociones básicas descritas ¿cuáles reconoció usted en las respuestas que dieron los jóvenes? ¿Cuáles son las que usted siente hacia la ciudad? miedo, ira, tristeza, sorpresa, estrés, ansiedad… ¿Acaso algo de alegría? Las respuestas marcan una directriz elocuente: son las emociones básicas con connotación negativa las que nos hacen estar alertas y ayudan a sobrevivir. La ciudad, como se dijo en el taller, nos atraviesa el cuerpo y despierta emociones.


© El Diario