Un pendejo callado es oro molido
Ciudad de México.- "Quiero saber de sexo". Eso le dijo Tirilita, muchacha adolescente, a su progenitor. El señor tosió, confuso, y le indicó a su hija: "Habla con tu mamá". "No -opuso Tirilita-. No quiero saber tanto". Galactina Pompasí era la mujer más guapa del lugar. La madre naturaleza se había mostrado con ella especialmente maternal, y la dotó con generosidad de numerosos atractivos tanto de rostro como corporales. La bella y voluptuosa fémina no sólo detenía el tránsito cuando pasaba por la calle: también hacía que los ángeles de la guarda se distrajeran, lo cual ocasionaba un aumento en la tasa de accidentes. Los principales encantos de la dama residían en el opimo busto y en el enhiesto, firme y abundoso tafanario. Sus piernas (Nota de la redacción: Nuestro estimado colaborador se extiende durante 14 fojas útiles y vuelta en la detallada descripción de las bellezas de la dama mencionada, descripción que, aunque sumamente interesante, nos vemos en la penosa necesidad de suprimir por falta de espacio). Un joven feligrés del padre Arsilio fue a confesarse con el sacerdote. Le dijo: "Acúsome, padre, de que anoche follé con Galactina Pompasí". De inmediato le........
