La Presidenta se enteró o debió enterarse
Ciudad de México –Doña Cholita era una linda anciana, Menudita, sonrosada, de azules ojos y cabellos canos que peinaba siempre con un chongo al que ella daba el nombre de molote. Se ganaba la vida vendiendo gorditas a los pasajeros que llegaban a la estación del tren. Las tenía de papa, de picadillo y de frijoles, y su costo, en aquellos años, era de 20 centavos cada una.
Cierto día llegó en el tren un pasajero curro. Vestía traje de casimir inglés, con chaleco; lucía reloj con leontina y se cubría con un finísimo sombrero Stetson de aquellos que se llamaban de 5 pores, porque estaban marcados con 5 equis. El pasajero llamó a doña Cholita, y por la ventana del vagón le preguntó qué vendía. Ella le dijo que gorditas, y que las traiba de papa, de picadillo y de frijoles. El señor preguntó el precio. Nosotros ya lo sabemos: 20 centavos cada una. Pero el tipo se veía muy tipo, catrín y de........
