Cacocracia
Ciudad de México.- "Mi esposa me dejó para irse con mi mejor amigo". Eso le dijo Castoro a Polucino en una mesa del Bar Ahúnda. El otro se quejó: "Pensé que yo era tu mejor amigo". "Lo eras -replicó Castoro-. Jamás he visto al tipo con el que se fue mi mujer, pero ahora él es mi mejor amigo. Tú ocupas un honroso segundo lugar". Ayer, igual que todos los días, me levanté de madrugada a escribir esta columna. La taza de café llena, la mente vacía, vi la pantalla de la computadora como un gran monstruo blanco que se alzaba desafiante frente a mí. Debía yo llenar con palabras a ese endriago, pero ninguna llegaba a socorrerme. Decidí entonces dar rienda suelta al pensamiento y poner lo primero que se me ocurriera. Fue así como vine a parar en los campos de la recordación. Muchas y muy variadas vocaciones he tenido a lo largo de mi vida (y ahora también a lo ancho por la luciente panza de canónigo de la cual me enorgullezco, pues da constancia fidedigna de comeres y beberes memorables). He sido actor, torero, director de orquesta, conferencista itinerante. Ah, y escribidor. Aprendiz de todo y oficial de nada, de cada uno de esos mesteres he derivado satisfacciones grandes. Mi pasado más........
