menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Carta a un viajero

12 0
21.02.2026

Son fechas de carnaval y me anuncias tu primera visita a Cádiz. Te encontrarás con una ciudad bulliciosa, atestada de enmascarados, de disfrazados, de gente ... que canta por las esquinas y de gente que da tumbos por los callejones. Un gran teatro callejero. Una representación colectiva de irrealidades. Unos días en que nadie es quien es, en que todo se transforma en fingimiento y fantasía.

Me pides recomendaciones, orientaciones, pautas para moverte por la ciudad. ¿Qué se puede decir de un laberinto, salvo invitar a recorrerlo según lo que disponga el azar de los pasos sin rumbo? Piérdete por allí, porque nunca estarás perdido, y estés donde estés, en estos días la realidad tendrá una banda sonora, como las películas. Una banda sonora de coplas satíricas o procaces, de celebración o de denuncia. Y en las calles estrechas resonarán las carcajadas multitudinarias. Y todo habrá de parecerte un espejismo de alegría en un mundo que anda últimamente especialmente sombrío.

A mediados del siglo XIX, Antoine de Latour vino a España en calidad de secretario de los duques de Montpensier. Viajó a Cádiz, le adivinó a la ciudad un «aspecto mágico» y le aplicó una metáfora previsible: «Una nave de piedra anclada en medio del océano», hasta el punto de sentir la tentación de hablar de tripulantes en vez de vecinos. En Cádiz el mar es una omnipresencia... que apenas se ve. Parece retumbar bajo sus calles un rompeolas, un flujo subterráneo de agua, un eco de catacumbas inundadas de mar y de peces ciegos y abisales. A veces, tienes la sensación descabellada de que se trata de una superficie flotante que cruje, cascada y movediza.

En el Cádiz viejo no se oye el mar, pero parece retumbar en el subsuelo, fluir en lo hondo y más oculto, correr bajo las calles entre ruinas fenicias, entre estatuas romanas de mármol verdinoso, en una especie de estampa de surrealismo metafísico: un mundo subacuático de capiteles y peces, de algas y columnas, de caracolas y sarcófagos, de náufragos de quién sabe cuándo y de ánforas de quién sabe cuándo, de cañones con costra de siglos.

Parece Cádiz, en definitiva, una ciudad de cimientos huecos, construida sobre el agua, y de ahí que dé la impresión de presentársenos tan liviana y etérea, tan fundida con el aire, tan a pique de desmoronarse.

En estos días carnavalescos, disfruta, en fin, de las irrealidades, de la magia de ser otro o de ser nadie entre la multitud festiva. Disfruta del bullicio, de las coplas, de los disfraces risibles, del vagar sin brújula.

Y que el Gran Momo, el dios de la burla, te conceda el favor de la alegría, del puro vivir ajeno a todo durante unas horas, como si hubieras traspasado, amigo, el umbral de otro universo.

Límite de sesiones alcanzadas

El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.

Por favor, inténtalo pasados unos minutos.

Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.

Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.

¿Tienes una suscripción? Inicia sesión


© El Diario Vasco