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El fútbol ha saldado su deuda

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19.04.2026

El 18 de abril de 2026 ocupa ya un lugar preferencial en la memoria de todos los realistas. Una fecha mágica que será evocada con ... la precisión de lo inolvidable: todos recordaremos dónde y con quién estábamos en ese preciso instante en el que el capitán Mikel Oyarzabal alzó la cuarta Copa del Rey al cielo sevillano e hizo estallar de emoción no solo a los miles de realistas congregados en La Cartuja sino a los muchísimos más que se reunieron en plazas, sociedades, bares y hogares de todo Gipuzkoa para disfrutar de cada detalle de una final que pasará a la historia del club txuri-urdin. Un gesto con en el que miles de gargantas rompieron en un grito de alegría, sí, pero también alivio, orgullo, y memoria de quienes ya no están.

Con el gran partido de ayer la Real no solo ha conquistado un nuevo título y el consiguiente pasaporte europeo para la próxima temporada, también ha reivindicado, tanto dentro como fuera del césped, una forma de ser y de competir, demostrando que la determinación, la ilusión, la fuerza de un proyecto que se basa en un sentimiento de pertenencia y un arraigo social únicos pueden hacer frente a gigantes presupuestarios. Desafiando a la gran mayoría de pronósticos, el equipo salió con el convencimiento de que les sostenía un territorio volcado, una pasión que estos días ha teñido de txuri-urdin todo un territorio. Porque este título ha llegado sin tener que renunciar a lo que es la Real, a lo que es Gipuzkoa, a esa manera de entender la vida que va más allá de lo meramente deportivo. Es la victoria de un modelo que conjuga talento local al que se cuida, se protege y se espera con paciencia con acento internacional, sin complejos.

La Real sumó ayer en Sevilla su segundo título en cinco años –a los que hay que sumar la Copa de la Reina lograda por el equipo femenino en 2019– y eso no es casualidad, sino fruto del trabajo bien hecho. El club realista lleva años construyendo un proyecto coherente y sostenible, basado en una forma de hacer en la que su afición puede reconocerse. Y la trayectoria de la Copa de este año, incluso antes de la rúbrica final, ha sido el escaparate perfecto para demostrarlo: jugadores jóvenes que han dado un paso adelante y han dejado claro que Zubieta sigue siendo una fábrica de talento; incorporaciones que han sumado ese plus de calidad necesario; y un director de orquesta que cree en lo que hace y que pese a llegar en un momento muy complicado ha entendido a la perfección la idiosincrasia del club. Todos ellos sostenidos por una afición que no ha fallado en los momentos más complicados, que se ha desplazado de forma masiva hasta la capital andaluza y que en las últimas semanas ha llenado calles y plazas de toda Gipuzkoa de los colores blanco y azul. Son este tipo de vivencias extraordinarias las que alimentan el vínculo y la identificación con un club como el realista y serán las que se evocarán al transmitir a las generaciones futuras la pasión txuri-urdin que contribuirá a generar más realistas a los que sumar a la causa. Todo el camino recorrido hasta aquí ha sido el mejor exponente de lo que es la Real para Gipuzkoa.

Ahora toca celebrarlo, como no pudimos hacerlo en 2021, disfrutar de cada minuto, saborear cada instante para poder anclarlos en la memoria. Gozar del camino de vuelta, del recibimiento a los jugadores, y de los partidos que restan en Anoeta. Se lo merece el equipo pero también una afición que ha desempeñado un papel fundamental esta temporada. El fútbol saldó ayer la deuda que tenía con los realistas. Aprovechémoslo.

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