Líbano entre dos fuegos
Hace ya unos cuantos años que el ex futbolista inglés Gary Lineker acuñó aquella célebre frase que decía que «el fútbol es un deporte de ... once contra once en donde siempre ganan los alemanes». Pues bien, de las relaciones internacionales podríamos decir que son un juego de intereses en el que siempre gana Israel. Eso sí, con la inestimable ayuda de Estados Unidos. Algo que se lo ha recordado recientemente Donald Trump a Benjamín Netanyahu con motivo de la firma del memorando de entendimiento con Irán. Muy crudamente, pero con razón, le espetó que, si no fuera por Washington, Israel no existiría. Incluso, el magnate neoyorquino se ha autoproclamado como el mejor presidente de... ¡Israel! Puede ser una «boutade» más de este ególatra patológico, pero cuando el vicepresidente J.D. Vance ha señalado recientemente que dos tercios del armamento defensivo que ha protegido a Israel durante los últimos meses han sido fabricados en Estados Unidos y financiados por los contribuyentes estadounidenses, la percepción cambia. En un momento en que los servicios socio-sanitarios de aquel país no atraviesan por sus mejores momentos por los recortes, la Casa Blanca no tiene empacho en sostener a Israel, aun a costa del bienestar de los propios ciudadanos........
