Frente al hambre de ser pequeñas, michelines peludos al aire
Frente al hambre de ser pequeñas, michelines peludos al aire
Como todas las niñas que sobrevivimos a criarnos en los dosmiles, tengo truquitos bajo la manga que a veces se me escapan como actos reflejos. Bebo agua para engañar al estómago que ruge, me lavo los dientes para evitar la tentación dulce, a veces hago un par de abdominales antes de dormir. La cultura de la dieta me ha dado de comer toda la vida, alimentando una búsqueda permanente de la delgadez que lucha contra los atracones sentimentales y el exceso de comida primermundista. Esto es, al mismo tiempo, un privilegio envenenado y una condena agradable: me debato si debería comer una tableta de chocolate de la que me arrepentiré luego mientras hay niñas que tragan tierra a falta de arroz.
La obsesión por la delgadez es mucho más que una moda o una estética: responde a una corriente sociopolítica conservadora que pretende mantener a las mujeres frágiles, controlables y pequeñas. Está volviendo ahora, en los años veinte de este siglo, pero se encuentra muy lejos de ser........
