Un sol
Recuerdo cuando dos de mis mejores amigas del instituto se fueron un día al Médano a vivir la vida nuestra tan nuestra tan preciosa (rutina: bajar de la guagua de un saltito, no fijarse en el mar ni en nada, caminar a veces de brazos, dependiendo de la amiga del día, casi siempre de brazos, daba igual a veces qué amiga y qué día y qué escozor, mirar pulseritas trenzadas y no comprarlas porque los dos con cincuenta reservados para las papas locas de la heladería sin mostaza pero exagerado de queso y una vez delante el plato y su humil paisaje, rosa de pronto en la mezcla que no se debería hacer pero se hace, el atardecer mientras ahí fuera pero mejor poder pincharlo y babarlo y masticarlo, ¿no?) y decidieron que iban a inventarse un idioma. Decidieron que en ese idioma iban a preguntarles la hora a todes les guiris que se encontraran, y luego iban a soltarles una retahíla que da miedo que a saber qué les estarían diciendo, porque ni ellas mismas se enterarían de nada: desconocedoras, en realidad, de cómo se gestan las lenguas, ellas se imaginaron balbuceando y soltando las sílabas que les pidieran sus lenguas.
Dos de mis mejores amigas. Sé, por ello, que se estaban inspirando,........
