No, la energía nuclear no es un jinete del apocalipsis
El miércoles pasado, en el Foro de Energía de la CAINCO, Bernhardt Johst de la Cooperación de Desarrollo Alemana (GIZ) describió la energía nuclear como uno de los cuatro jinetes del apocalipsis: causante de muerte, hambre, peste y guerra. Dejo la teología para mis colegas de la Universidad Católica Boliviana, que seguramente están mejor preparados para evaluar semejante comparación bíblica. Desde la ingeniería, la pregunta es ¿qué dicen los datos? Veamos si la energía nuclear realmente merece esa condena.
Armas nucleares y energía nuclear no son lo mismo
Empecemos por lo obvio. Las armas nucleares y los reactores nucleares para generar electricidad tienen tanto en común como un avión y un auto. En un sentido extremadamente reduccionista, ambos transportan personas de un punto A a un punto B, pero ahí terminan las similitudes. Los tiempos, las distancias, los costos, los materiales, la tecnología, la física, las normativas e incluso el combustible que necesitan son completamente distintos. Más importante aún, la intencionalidad es completamente distinta. Un arma nuclear está diseñada para liberar energía de forma instantánea y destructiva; un reactor nuclear está diseñado para liberar energía de forma controlada, gradual y segura para producir electricidad. De la misma manera que un chofer no es piloto ni un automóvil es un avión, un reactor nuclear de potencia no tiene nada que ver con armas nucleares. Confundir ambas cosas solo por compartir la palabra “nuclear” es como creer que el Club Oriente Petrolero es una empresa de hidrocarburos por su nombre.
¿Qué dicen los datos sobre muerte y enfermedad?
Según Our World in Data, la energía nuclear tiene la segunda tasa de mortalidad más baja entre todas las fuentes de generación eléctrica, prácticamente empatada con la eólica y la solar incluso tomando en consideración las muertes causadas por Chernóbil (las cuales según estudios por las Naciones Unidas llegan a 30 muertes directas y posiblemente hasta 4.000 muertes indirectas). Para ponerlo en perspectiva, el carbón causa aproximadamente 25 muertes prematuras al año por cada 150.000 habitantes que abastece. Las cifras para eólica, nuclear y solar son mil veces más bajas: 0,04, 0,03 y 0,02 respectivamente.
Un estudio publicado en 2025 por la revista Environmental and Resource Economics encontró que el cierre de centrales nucleares en Alemania provocó aproximadamente 170 muertes prematuras al año por enfermedades respiratorias, un aumento del 8%, como consecuencia directa de sustituir energía nuclear por combustibles fósiles. Es decir, cerrar reactores nucleares literalmente costó vidas ya que la intermitencia del sol y el viento obligó a mantener centrales de carbón y gas como respaldo. Lejos de ser una fuente de muerte, la energía nuclear también tiene aplicaciones que salvan vidas. Reactores como los CANDU en Canadá, además de generar electricidad, producen Cobalto-60, uno de los isótopos más utilizados en el tratamiento del cáncer, que ha salvado a millones de pacientes en todo el mundo.
Además de ser segura, la energía nuclear es la fuente de electricidad más limpia que hay. Según datos de Our World in Data, tiene las emisiones de........
